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» Este artículo corresponde a la Edición del viernes, 28/dic/2018 de La Auténtica Defensa.

Charlas en el café:
¿De que lado está la Barbarie?
Por Vicente Blasco




Es verano y se siente, el calor y la humedad hacen efecto aunque sea temprano. El sol mañanero sobre los vidrios genera un pequeño efecto invernadero; pero poco a poco la tecnología va venciendo a la naturaleza y el ambiente se va tornando agradable merced a un gran aire acondicionado que escupe frío desde la pared del fondo de Koval.

El Perro está hoy aferrado con ambas manos a un libro, como un conductor al volante de su auto. El amarillo de sus hojas denota que es un ejemplar que tiene unos cuantos años, y aunque lo intento, no logro ver ni el título ni el autor. Así que no esperé demasiado para preguntar "¿Qué estás leyendo?"

"Estoy re-leyendo. Es ´Una excursión a los indios Ranqueles´ de Lucio V. Mansilla. Un libro interesante porque, para la época en que fue escrito, humanizó a los indios a los cuales se los trataba como animales sin alma y peligrosos. Ahora que pienso, esa quizás haya sido una de las primeras posverdades sobre estas tierras. Mansilla, que fue un militar y de Buenos Aires; se internó con la intención de firmar un acuerdo de paz, en el interior del territorio Ranquelino y, desde allí, cuenta cómo vive y cómo piensa ese grupo originario" me cuenta el Perro.

"¿Sirvió para algo? Porque tengo entendido que contra ellos se realizó un genocidio similiar a los realizados por los EE.UU. contra los Pieles Rojas. ¿O me equivoco?" pregunté.

"Estas en lo cierto Vicente. Y sobre esta etnia en particular el genocidio empezó bastante antes. Pero, volviendo al libro, ¿Sabías que los indios ranqueles trataban a sus mujeres mejor que las culturas europeas? Pequeño detalle en estos momentos donde la sociedad patriarcal está tan cuestionada".

"¿Cómo es esto que el genocidio comenzó antes?" indagué al Perro que había ya dejado el libro a un costado y torcía un poco la silla hacia mi lado. "El tema es así: En 1826 Bernardino Rivadavia, el primer presidente argentino, firma un decreto por el cuál contrata al general europeo Federico Rouch para exterminar a los indios ranqueles; en el decreto ni siquiera se explica el por qué de esa decisión. El tipo era un sanguinario, al punto que en sus anotaciones dice: "Para ahorrar balas hoy degollamos a 27 ranque-les". Pero algo que también surge de sus anotaciones es que "los ranqueles no tienen salvación ya que no tienen el sentido de la propiedad..." Esto último es así: su mirada era que la tierra y lo que la naturaleza les ofrecía, era de todos", relata el Perro mientras yo no salía de mi asombro.

"Pero yo tenía entendido que había sido Julio Argentino Roca el que hizo un genocidio de los pueblos originarios...", le tiré.

"No te apurés tanto, Vicente. Antes de Roca estuvo Rosas, que era estanciero. Rosas fue el mentor de la primera campaña del desierto. Ahí se mataron unos 800 indios y se tomaron más de 1000 prisioneros. Claro que al lado de Julio Argentino esto fue un vuelto. El joven Ministro de Guerra de Avellaneda hizo importar 10 mil escopetas Remington de Estados Unidos, un rifle de diez tiros que había hecho estragos entre los Pieles Rojas y los Sioux; y con los ranqueles hizo lo propio. La campaña al desierto del tucumano Julio Argentino Roca fusiló a 15 mil originarios y tomó prisioneros a otros tantos "bárbaros" como decían ellos. Hasta ese momento, los diarios nunca habían llamado así a los Ranqueles. Sin embargo desde las incursiones militares los indios pasaron a ser asesinos, ladrones y un peligro para la sociedad" me contaba el Perro, girando sus ojos hacia el techo para acentuar el tono sarcástico del asunto y continuó "¿Sabés que el espíritu de la Revolución de Mayo, con Belgrano a la cabeza tenía una mirada muy distinta a esto que pasaba en 1879? Belgrano hablaba ya del fin de la esclavitud en diciembre de 1810 y la Asamblea del año XIII decretó la libertad de vientres, es decir que todos los esclavos nacidos a partir de ese momento pasaban a ser ciudadanos con todos los derechos y libertades. Sin embargo ¿Sabés que hicieron con los indios, indias y niños atrapados durante la Campaña al Desierto? "

"No lo sé pero me lo imagino: los pusieron a trabajar", arriesgué sin mucha fe.

"No. Fueron entregados a manera de esclavos. Hasta avisos en los diarios ponían diciendo que iban a entregarse indios como peones, chinas como sirvientas y niños como mandaderos. Es decir, que Avellaneda y Roca restablecieron la esclavitud, ¿Podés creerlo?".

"¿No estás exagerando, Perro?" le pregunté cada vez más sorprendido por lo que me contaba mi amigo y yo no tenía idea.

"Ni un poco Vicente. Esto está tristemente documentado en el Archivo General de la Nación. Nosotros, que fuimos los primeros en América en abolir la esclavitud, hicimos eso. Porque Estados Unidos lo hizo en 1852 y Brasil recién en 1874" me confirmó con tremenda exactitud.

"Se me pone la piel de gallina, Perro. ¿Toda está matanza y sacrilegio, se hizo en nombre de qué?", le pregunté.

"¿Sabes de qué? En nombre del Progreso. Por eso, cuando escuches que en nombre del Progreso vale todo, recordá esta charla que estamos teniendo", me dijo mi amigo y retomó su lectura.

Me quedé un rato meditando todo el relato del Perro, pensando en algunos escritos de Castelli que había leído. El primo de Belgrano, desde su puesto en la Primera Junta, había ordenado el reparto de las tierras expropiadas a los enemigos de la revolución entre los trabajadores de los obrajes, la anulación total del tributo indígena, equiparó legalmente a los indígenas con los criollos y los declaró aptos para ocupar todos los cargos del Estado, tradujo al Quechua y al Aymará los principales decretos de la Junta y abrió escuelas bilingües: Quechua-Español, Aymará-Español.

El pobre Castelli, sin embargo, sufrió la peor de las derrotas: un cáncer de lengua se lo llevó a temprana edad, con tanta mala suerte que murió, paradójicamente, un 12 de octubre de 1812, fecha tristemente célebre para los pueblos originarios de América.

(A la memoria de Osvaldo Bayer, un verdadero defensor de los derechos de los pueblos originarios).

Vicente Blasco / tiovicenteb@gmail.com


 
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