Buenos Aires, (Especial de NA por Martín Hermida)- La Argentina obtuvo en los últimos días un espaldarazo de parte del resto de las naciones del continente en su batalla diplomática de ¨largo aliento¨ por la soberanía sobre las Islas Malvinas, mientras el Gobierno presiona por distintos caminos en busca de lograr una concesión de parte de los británicos, algo que hasta ahora se ubica más en el terreno de los deseos que en el de las realidades.
Y precisamente en esa búsqueda tendiente a quebrar la negativa británica a sentarse a una misma mesa para conversar sobre la soberanía del archipiélago o bien encontrar algún resquicio por donde entrar a una nueva etapa, se inscriben también las resoluciones adoptadas en las últimas semanas por el Poder Ejecutivo autorizando a dos líneas aéreas a operar rutas que lleguen a Malvinas, aunque para que eso pueda concretarse es necesario primero llegar a un acuerdo con los ingleses.
¿Cuál fue el ¨gesto¨ conseguido por la Argentina? Una resolución adoptada por la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), reunida en Quito, Ecuador, instando a los gobiernos de ambos países a reanudar ¨sin demoras¨ las negociaciones sobre la soberanía de Malvinas.
Es verdad que el texto sigue al pie de la letra el esquema frío y estructurado de las declaraciones diplomáticas. Pero también es cierto que la resolución fue aprobada ¨por aclamación¨ y empujada por varios de los países vecinos, entre ellos Brasil, cuyo canciller, Celso Amorim, fue precisamente quien presentó la propuesta para que fuera votada.
También en los discursos pronunciados en la Asamblea, los cancilleres de naciones como Paraguay, Perú, Uruguay, Chile y Bolivia (todas ellas vinculadas con el Mercosur, ya sea como socios plenos o como miembros asociados) y otras como Venezuela, le dieron un claro respaldo a la posición argentina en el sentido de que Gran Bretaña debe sentarse a una mesa de negociación.
Una postura similar adoptó el canciller de Costa Rica, Roberto Tovar Faja, quien además agregó una apelación y le reclamó al gobierno británico que ¨abra su corazón¨ para tratar de que el diferendo pueda solucionarse.
La declaración recomendándole a ambas partes que se sienten a conversar sobre el espinoso tema de la soberanía -nunca tocado por los británicos después de la guerra del ´82- es de un tenor similar a la que cada año es aprobada en el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas.
Este año se espera que también haya un pronunciamiento en el mismo sentido, en opinión de los hombres del Gobierno argentino.
Con respecto a otro de los temas que tallan con fuerza en las complicadas relaciones bilaterales, el de los vuelos a las Islas, el Gobierno reforzó esta semana una posición que ya había inaugurado a fines del mes pasado, cuando había decidido otorgarle a LAFSA (Líneas Aéreas Federales) un permiso oficial para explotar dos rutas con destino a las Malvinas.
Esta vez hizo lo mismo con Aerolíneas Argentinas, también a través de una resolución de la Secretaría de Transporte de la Nación, aunque dejó en claro que ¨el ejercicio de los derechos que surgen de la concesión del servicio de transporte aéreo a Puerto Argentino estará sujeto al resultado de las negociaciones en curso con el Reino Unido¨.
¿Qué significa ese último punto? Que en la práctica la medida no podrá cristalizarse si no hay un acuerdo previo con las autoridades británicas en ese sentido, algo que al menos hasta hoy aparece como altamente improbable. ¿Cuál es el objetivo entonces?
Tratar de ejercer una mayor presión sobre Londres y también sobre los propios habitantes de las islas, quienes se ven perjudicados porque desde diciembre pasado quedó suspendida la autorización de vuelos charter (los que van por fuera de los servicios regulares que opera Lan Chile) hasta que no se le permita a la Argentina que una aerolínea de bandera nacional llegue al archipiélago habiendo partido desde el territorio continental.
Es posible que en algún momento la presión argentina resulte efectiva, más aún teniendo en cuenta que hay un perjuicio económico importante para los isleños. Aunque también es cierto que la presión política del otro lado del mostrador para impedir que una aerolínea de bandera celeste y blanca aterrice en las Malvinas es demasiado fuerte.
En su discurso de esta semana ante la Asamblea de la OEA, el canciller Rafael Bielsa aprovechó para ratificar la ¨permanente voluntad¨ del Gobierno por alcanzar ¨una situación justa, pacífica y duradera en este problema prioritario para la política exterior del país¨.
Y a renglón seguido subrayó: ¨Argentina ha manifestado clara y reiteradamente su disposición a reanudar las negociaciones sobre la soberanía, pero ellas no han podido ser restablecidas por la renuencia el Reino Unido en dar cumplimiento a las resoluciones de las Naciones Unidas y las declaraciones de la OEA en ese sentido¨.
Con realidades enormemente distintas, Gran Bretaña y España llevan ya un largo proceso de negociación en torno al Peñón de Gibraltar, ocupado por los ingleses desde 1706. Todo indica que ese proceso podría derivar en una fórmula de soberanía compartida y finalmente en la posibilidad de que ese territorio volviera a manos españolas.
¿Sería posible en el futuro imaginar una negociación de ese tipo para las Malvinas? ¿Será el tiempo en que las necesidades y realidades de unos y otros desemboquen en una negociación que le permita a la Argentina avanzar un casillero más? Si así fuera, sería imperdonable dejar pasar la oportunidad.



