Hola Vicente… ¿y? ¿Te viste Una Mente Brillante?" me encaró el Perro sin anestesia, mientras estaba leyendo detalles sobre la final de la Libertadores, que no se jugó. ’30 desfibriladores por las emociones de un partido de fútbol… mirá que somos pelotudos’ estaba pensando cuando llegó mi amigo.
Sí, estimado –le contesté- Y la verdad es que si no me explicabas la importancia de la Teoría de los Juegos y cómo se ocultó a propósito, yo seguía de largo y me quedaba con los avatares emocionales de Nash y no mucho más. Cuando el decano de Princenton le dice más de medio un siglo y medio de teoría económica se desvanecían, me acordé de vos… y la verdad es que estoy empezando a ver las cosas un poco diferentes. ¿Cómo era? ¿Hacer el bien, hace bien?".
Sí, sí. Ponélo en práctica seguido y vas a ver… me dijo en tono paternal y continuó, "Russell Crowe tiene otra película espectacular y reveladora. Y no te hablo de Gladiador… ¿te suena El Informante? En realidad, es con Al Pacino, que ya era famoso. Crowe se hizo famoso después".
Por supuesto, otra vez, el Perro me agarraba en off side. Pero ya acostumbrado a la rutina, sólo atiné a bajar el diario y a escuchar.
Es una película de los años ’90, basada también en hechos reales. El título en inglés es The Insider. Crowe hace el papel de un científico y directivo de una tabacalera norteamericana pesada. No puede con la culpa y revela el secreto que la industria del tabaco oculta celosamente: cada cigarrillo es manejado y controlado como una dosis, e incluyen sustancias que provocan adicción en los fumadores de manera intencional. El tipo lo cuenta en el programa de televisión donde Pacino es productor y lo convence para que hable. En el medio, toda la trastienda de cómo maneja el canal de televisión semejante fierro caliente. Al principio es medio bodrio, pero está buena… Igual, vender tabaco sigue siendo legal. Lo que cambió es que los tipos ya no pueden hacer lo que quieren desde la publicidad… ¿Te acordás del rubio de Camel?", me dijo con una sonrisa.
¿Cómo no me voy a acordar? Si yo fumaba como un loco. Fumaba después del café, porque subía al auto, porque bajaba del auto, porque trabajaba, porque dejaba de trabajar… estaba re loco. ¿Así que además le ponen ‘ayudín’ para engancharte?", le pregunté. No sé, a mí no me mires. Vos mirá la película y fijáte.
¿Y cómo hiciste para dejar de fumar? ¿Parches? ¿Chicles de nicotina?", me preguntó el Perro.
No, le contesté. La clave me la dio un alcohólico recuperado. El tipo me dijo: ‘La primera copa, te lleva a la última’. Ahí me di cuenta que no es tratar de fumar menos: directamente no podía volver a tocar un cigarrillo. Fueron 45 días complicados… pero salí", le dije. El Perro montó su labio inferior sobre el superior, mientras movía su cabeza en gesto de aprobación y empezaba a hojear el diario.
Vicente Blasco / tiovicenteb@gmail.com



