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» Este artículo corresponde a la Edición del jueves, 10/jun/2004 de La Auténtica Defensa.

El drama de jugar dos partidos por semana




Buenos Aires, (especial para NA por José María Suárez) -- Durante la última semana del mayo reciente me dediqué a releer notas de mi archivo particular que llevan mi firma y allí me encontré con un reportaje a ese formidable centro delantero de Independiente de origen paraguayo, Arsenio Erico, que se me ocurrió oportuno reproducirlo hoy, tiene fecha de octubre de 1989, a propósito de la actual y muy repetida decisión de ciertos directores técnicos y aprobación de los dirigentes que resuelven ¨reservar¨ a determinados titulares de sus planteles para conservarlos en mejores condiciones físicas, es decir más descansados para disputar, además de los campeonatos de la AFA, las distintas copas internacionales que se desarrollan paralelamente.

Acerca del tema le consulté a Erico quince años atrás y esta resultó su respuesta:

¨¿Se da cuenta usted que yo tuve a mi lado a Vicente de la Mata y a Antonio Sastre? Eran dos fenómenos que nunca desertaban, jugaban todos los domingos y entrenaban, jugando también, dos y hasta tres veces por semana, temporadas enteras, sin acusar lesión alguna ni buscar pretextos para no jugar. Todos los de esa época eran iguales, nadie quería quedarse sin jugar, transcurrían temporadas completas y jamás se producía una ausencia por cansancio. Nadie se ha puesto a pensar nunca en la cantidad de grandes jugadores ¨insiders¨ (8 ó 10 de ahora) que siendo de Independiente no tenían puestos en el primer equipo porque Vicente y Antonio no aflojaban nunca, a todos los que esperaban para cubrir alguna vez sus puestos los tapaban el talento y la fuerza inagotable de esos dos, a los que, si en alguna ocasión les pedían que descansaran, que no jugaran tanto, seguro que se ponían a llorar¨.

¨Yo era como ellos, hice la mía y fui feliz -proseguía Erico- porque jugué al fútbol como lo sentía, lo que me proporcionó diversión y alegría de vivir, sentí la sensación real del hombre que colmó totalmente sus aspiraciones y sólo me entristecía cuando no podía entrar a una cancha por lesión grave¨.

Seguro que de vivir y actuar, ahora Arsenio Erico no hubiera permitido que el técnico no lo dejara jugar el domingo contra Boca, River, Lanús, etc. Porque el miércoles debía enfrentar al Santos de Pelé o al Peñarol de Severino Varela por la Copa Libertadores o por cualquier otro trofeo de importancia internacional.

¿Eran otros hombres o menos fiacas los de entonces? ¿O es porque ahora no juegan al fútbol sino que trabajan en el fútbol? Y, trabajar, cansa, aún cobrando millones de euros y dólares que ningún trabajador de trabajo serio logrará alcanzar en toda su vida útlil. Pero, si en vez de trabajar se juega, y se cobra, nadie se cansaría por jugar.


 
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