Qué difícil proclamar algo así en el momento difícil que vivimos, con tanta gente angustiada por falta de trabajo, comida, dinero suficiente para afrontar los gastos diarios.
Ni hablar cuando tenemos hijos, ellos no entienden por qué no podemos comprarles algo que tanto esperan, para ellos el dinero no existe o es un invento para negarles algún gusto, pero cómo nos angustia no poder cumplir algunos de sus deseos cuando son lo más preciado que tenemos.
Como padres tenemos la gran tarea de criarlos de la mejor manera posible, que no les falte nada esencial, que puedan ir a la escuela y estén bien alimentados y duerman en una cama cómoda y abrigada. Pero qué difícil hacerles entender que a veces no tenemos lo suficiente como para darles todo lo que quieren.
En ese momento recordamos esa promesa del Salmo 23, tan universalmente conocida, que aún los no religiosos saben recitar: "Dios es mi pastor, nada me faltará".
¿Cómo podemos afirmar eso cuando estamos diciendo que nos faltan muchas cosas? La respuesta está en la profundidad de las palabras y en el significado espiritual.
Claro que, si uno espera que llueva dinero del cielo, eso no va a suceder, pero las angustias por las carencias, "para los que tenemos a Dios cercano", se mitigan en parte cuando entendemos que Él es nuestro amparo en las necesidades y quien sostiene nuestra mano cuando estamos pasando por momentos difíciles, y sus promesas nos ayudan a continuar, sabiendo que él no nos deja sufrir más de lo que podamos soportar y finalmente esa paciencia da sus frutos y "nada me faltará" se hace realidad.
(Salmo 46:1-3) Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza. (7) Jehová de los ejércitos está con nosotros; Nuestro refugio está en Dios.
Muchas veces la ayuda viene de manera insospechada, a través de alguien que no esperábamos o de modos que no imaginábamos.
Sin embargo, algo es clave en esa promesa: el sentido de pertenencia a Él, y por lo tanto la condición. "Si Dios es mi pastor, nada me faltará". Es que el que no confía en Dios, no goza de ese beneficio. Pidamos sabiduría a Dios, busquémosle de todo corazón y luego confiemos en sus promesas para que podamos sentir que NINGUNA COSA física ni espiritual nos faltará. Y lo primero que nos proveerá es la paz y la seguridad que estamos en el camino correcto, y luego lo demás, vendrá como consecuencia.
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas os vendrán por añadidura. (Mateo 6:33)
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¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! Stella Maris Ruiz
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