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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 11/nov/2018 de La Auténtica Defensa.

Un Beatle
Cuento de Gonzalo A. Firpo






Gonzalo A. Firpo. Foto: Archivo.

Corría el mes de mayo de 2016. Miles y miles de fans se conglomeraron en los alrededores del estadio olímpico de fútbol Mario Alberto Kempes (antes Chateau Carreras) en la capital cordobesa, para apreciar el tremendo show de este gran artista internacional de todos los tiempos. 70.000 almas de todas partes de Argentina y del mundo, de diversas edades y diferentes clases sociales. ¡Todos dispuestos y prestos para ver a Paul McCartney en persona! ¡Algunos por primera vez! Tal era mi caso y el de unos amigos que viajamos especialmente desde Buenos Aires para esta gran fiesta de la música.

Llegamos muy temprano para disfrutar todo el día y por supuesto la gran noche. Recorrimos un poco el centro de la ciudad y su casco histórico: plaza San Martín, la Catedral y el Cabildo Histórico. Fascinados quedamos con la grandiosa Manzana Jesuítica y el Colegio Nacional Monserrat. Pasado el mediodía nos fuimos derecho para el mítico estadio porque la ansiedad y la locura de ver a un Beatle en vivo y en directo nos estaban carcomiendo. Allí en las inmediaciones del lugar, lo de siempre: vendedores ambulantes de remeras, gorras, posters del cantautor y de "los cuatro de Liverpool", por supuesto. Panchos, gaseosas, choris… y artistas callejeros por doquier. Todo apreciábamos y admirábamos el millar de fanáticos que íbamos arribando al lugar pero "la nota" la daba un pintor que dibujaba en el piso las tapas de los discos del famoso grupo: Help, Rubber Sould, Revolver… A puras tizas de colores, cual maestro de escuela y en las baldosas, pintaba a la perfección los retratos de Paul, John, George y Ringo. ¡El "submarino amarillo" un poco más allá era una delicia! ¡Un calco del original! Supongo que el hecho de que la vereda sea bien lisa lo ayudaba mucho, aunque más creo que la mano del creador lo decía todo. No tardé en darme cuenta que esta clase de artistas hacen todo bien. Supe con exactitud que se trataba de esas personas que pintan magistralmente con cualquier cosa que le des. Si le das azúcar común y azúcar negra te hacen "La Gioconda" como el mismo Da Vinci, y si le das mayonesa, salsa golf y mostaza, te hace "Los Girasoles" de Van Gogh como el propio autor. Aunque mis amigos se aburrieron rápido y se alejaron del sitio yo me quedé allí, encantado con el trabajo silencioso de ese ser especial que no escatimaba en florituras a la hora de dejar plasmado su fanatismo y su arte. Pintaba en el piso "a la gorra" y según pude escuchar, lo hacía para comprar los tickets del recital ya que, como claramente se veía, era un fanático sin igual. Supe también que iba a sudar sangre para juntar el dinero de su objetivo porque eran muy pocos los que pasaban y dejaban unas monedas. ¿¡Quién deja plata por algo que no se puede llevar!? El tipo ciertamente era una eminencia en lo que hacía pero no vendía nada y no podías tomar un pedazo de piso y llevártelo al auto. Un noticiero de televisión le había realizado una nota para un medio local un poco más temprano pero no le dejaron un mango, y aunque sus obras eran geniales, comercialmente el emprendimiento era un rotundo fracaso.

Yo sí me acerqué hasta "la gorra" y puse un billete; uno de tres cifras para que al menos reponga las tizas o se tome un buen fernet cordobés. Fue en ese instante que un hombre de color, calvo y físico tipo patovica me pisó sin querer y me pidió disculpas… en un clarísimo inglés impropio de estas tierras: _ ¡Sorry! - dijo y se volteó rápidamente. Estaba junto a otro tipo de mediana estatura con lentes oscuros y capucha sobre la cabeza. Los seguí atentamente con la mirada. El encapuchado notó que yo no dejaba de observarlo y parloteó algo con su compañero, quien al instante sacó un radio de su bolsillo y realizó un llamado. Justo cuando estaba por gritar a mis amigos que el tipo de capucha era el mismísimo Sir Paul McCartney en persona, éste se bajó los lentes y suplicándome silencio con las manos dejó caer en la gorra del pintor dos entradas para su show, me guiñó el ojo y pude leer de sus labios un "gracias" en inglés antes de marcharse a un automóvil que nunca nadie vió llegar hasta allí. ¡Quedé estupefacto!

En un estado más que febril, le avisé al pintor respecto de lo sucedido y de los tickets, y anoticié a mis amigos que no podían creer lo que les estaba contando. Alguien más se acercó y dijo que vió al patovica y al otro tipo husmeando todos los dibujos, antes de colocar algo en la gorra y cómo se subieron al auto de vidrios polarizados, pero que nunca se imaginó que podía ser el inglés en persona.

¡El recital fue una fiesta descomunal! ¡El músico se lució! Los clásicos de "los cuatro fantásticos" desfilaron unos tras otros al son de una andanada de aplausos ensordecedores cada vez. ¡El público explotó! Mis amigos gozaron cada interpretación: Save us, Can´t buy me love, Yesterday, Something, Let it be… My valentine, Here today… Hey Jude… pero lo más lindo que me llevé yo de aquel "paseíto Beatle" por Córdoba fue la mirada cómplice con el músico más grande de todos los tiempos.

Gonzalo A. Firpo / Email: gonxa02@gmail.com



 
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