"¿Viste que ayer hablamos de Top Gun y de la Guerra Fría? ¿Te pusiste a pensar cómo el celular arruinó la industria de la ficción? Cada vez es más difícil desarrollar una trama que no se solucione con una simple llamada telefónica a tiempo, o encontrar el camino con en el GPS del teléfono. Si hasta podés iluminar la más oscuras de las habitaciones. Había un diálogo del portal "La gente anda diciendo" que decía más o menos así: "Felix Baumgartner tenía señal en la estratósfera, vos no esperarás que me coma que vos no tenías señal en ese bar de cuarta".
El Perro otra vez dio en el clavo, pensé, mientras revisaba innecesariamente mis notificaciones en el Facebook y el Whatsapp. "¡Largá eso, ché. ¿Me estás jodiendo?", me dijo en franco tono agresivo, mientras yo movía frenéticamente mi pulgar sobre la pequeña pantalla.
Fue Steave Jobs (que en paz descanse) quien desarrolló el concepto y dio un paso más allá. Primero, fue la computadora que se fue quedando con todas y cada una de las funciones analógicas de nuestro escritorio, incluyendo hasta el block para tomar notas. Y Jobs transformó al teléfono celular en una computadora portátil, además de eficiente cámara de fotos y video. Una especie de múltiple y tecnológica navaja Vitorinox pensada para la cartera de la dama, el bolsillo del caballero del Siglo XXI.
Le mejor de todo es que Jobs presentaba cada producto y cada avance en un teatro, vestido de jeans y remera negra de cuello redondo. Le faltaba el cuello clerical blanco y era un verdadero pastor frente a su rebaño sediento de bytes.
La cuestión es que hoy llevamos al celular con nosotros a todos lados, y si no tenemos el buen gusto de desconectar la opción, hasta se puede saber exactamente en qué coordenada cartesiana del planeta nos encontramos.
Así como la televisión fue bautizada "La caja boba" en los 60’s; bien el teléfono celular podría ser "El grillete" con el que nos esclavizan en este nuevo siglo. El Perro es coherente, pero no boludo. Ahí anda con su Nokia del año del jopo: nada de pantalla táctil ni Internet. Sólo un teléfono que anda hasta debajo del agua y tiene linternita por todo adelanto (que en realidad fue incluida para que las mujeres puedan buscar dentro de sus carteras).
El Perro lo enciende por las mañanas, lo apaga en el almuerzo, y lo vuelve a encender hasta antes de irse a dormir. "Las llamadas de trabajo, sólo en horario de trabajo. La prioridad son mis familiares y amigos. El resto puede esperar", me dijo lo más campante, como si a esta altura del partido recuperar la libertad fuera así de fácil.
Vicente Blasco / tiovicenteb@gmail.com



