Casi seguro que en algún momento te preguntaste, ¿Por qué a mí, Dios?
A menudo podemos pensar que podemos con nuestras fuerzas, más si somos jóvenes, vitales, con la hermosa carga de sueños que solo en la juventud se manifiesta, pero también si somos mayores apelamos a nuestra sabiduría, experiencia o escuela de la vida, creemos que tenemos autoridad para resolver cualquier situación, inconvenientes, que puedan presentarse inesperadamente y a veces muy traumáticos, llámese, salud, familia, economía, etc, olvidando que eso no depende totalmente de nosotros.
Dice La Biblia en (Juan 1:1) En el principio era el verbo y el verbo era DIOS, fue hecho carne y habitó entre nosotros.
Su nombre es JESÚS, llamado también Padre Eterno, Señor de Señores, Rey Celestial, Creador del Cielo y la Tierra que fue es y será el único salvador y dueño de todo lo que hay en los cielos la tierra y debajo de la tierra.
La potestad la tiene el hijo del carpintero (Jesús) porque al ser omnipotente y omnisciente transforma lo habido y lo por haber, ninguna situación le es ajena, como en su primer milagro cuando transformó el agua el vino en las bodas de Canaán y varios milagros le sucedieron
Por tal certeza en estos tiempos diversos, lo esencial es recurrir a él. Hoy disfrutamos de jóvenes brillantes que quizás tuvieron la oportunidad y decidieron hacer de su vida un ejemplo, y otros que sin los medios y también con honestidad y tesón salieron adelante y lograron su objetivo, y luego están los jóvenes con dificultades porque quizás les faltó contención, amor, aprendizaje con el ejemplo, y cada fin de semana nos ofrecen un triste espectáculo donde dominan los vicios.
También hay mayores con dificultades porque quizás el tiempo se les escurrió de sus manos y no llegaron a su meta, lo cierto es que, a todos, los quiere abrazar DIOS, que no hace acepción de personas, no importa raza, color ni credo, todos son sus hijos, si lo aceptan como su Salvador y Señor.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. (Juan 3:16-17)
Me dirijo a vos mi hermano, amigo, vecino, a vos que ayer te sentiste solo descreído, y manifestaste tu decepción preguntándote ¿Por qué a mí? la solución está muy cerca de ti, solo tómate fuerte de su mano, de la mano de JESÚS, y tus pasos serán seguros, guiados según su voluntad divina, al mejor destino posible para ti.
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¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! Rosa Buhalezuk
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