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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 31/oct/2018 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento:
Volver... sin la frente marchita
Por Marisa Mansilla






Marisa Mansilla

Siete integrantes del Taller "Álgebra y Fuego" hicimos un viaje por España e Italia del que, en esta columna, sólo haremos una brevísima referencia acerca del criterio que seguimos para su diseño y todo lo que la experiencia nos enriqueció.

Volver de un viaje, dar por finalizada la pausa de la columna literaria de este medio gráfico, retomar y elaborar un brevísimo e incompleto "relato de viaje" (aunque incompleto, dicen que para muestra sólo basta un botón), son algunos de los propósitos de este artículo.

¿Qué es un "relato de viaje"? Para empezar un formato discursivo propio de un género mayor que es la narrativa y marcado por algunas singularidades propias: su temática obviamente es un viaje y sus circunstancias; su narrador es el autor y asimismo el viajero y, por lo tanto, los puntos de vista que en el relato se expresan le corresponden. Su relato tiene asimismo algo del carácter de lo autobiográfico, ya que el viaje realizado forma parte de la historia de vida de este narrador-autor-viajero y el momento de su enunciación siempre es posterior al viaje realizado.

Durante el viaje (y valga la redundancia y la obviedad) el viajero viaja, observa, disfruta o padece según lo que la travesía le depare, toma notas, fotos… y después de haber regresado, recién entonces puede elaborar, revisar sus notas, sus fotos, los mapas, la folletería, los tickets que fue acumulando por el camino y disponerse a escribir. Los relatos de viaje se escriben, por lo general, respetando la sucesión temporal tradicional del día a día que va segmentando el relato, pero a la vez ilustrando acerca de la continuidad y progresos del recorrido llevado a cabo por el viajero. Y si bien lo narrativo y lo descriptivo se van sucediendo y amalgamando en su relato, el narrador-autor-viajero se pregunta permanentemente acerca de su viaje y ofrece comentarios y conclusiones al lector.

Los seis días en Madrid nos permitieron no sólo recorrer Madrid sino también llegar a Toledo, subir y subir hasta su mirador, traspasar el grueso muro que rodeaba la ciudad histórica y también caminar por la plaza del Zocodover donde la urbanización propia de las ciudades contemporáneas presente en las fachadas de bancos, edificios públicos, bares y bazares de antigüedades en algún punto se reúne con la minuciosa y aérea arquitectura árabe con sus finas columnas o con la más pesada colonial española.

"No me saques sin razón, no me envaines sin honor" dice la hoja de una espada con la cruz templaria al frente de un comercio de aceros y cuchillería toledana, donde además se exhibe una réplica de la espada "Colada" del Cid. Del siglo XII a nuestros días han pasado la friolera de nueve siglos pero estamos caminando por una calle donde la historia y la literatura están unidas y presentes en la calle para los toledanos y para los turistas. Los bellísimos barrios judío, árabe y cristiano de Toledo con sus callecitas, su catedral gótica Primada o "la Giganta de Toledo" como la llamó Vicente Blasco Ibáñez en su novela "La catedral" nos siguieron conectando con un pasado de tolerancia pluricultural que permitió expresiones artísticas ricas y variadas y que a pesar de que no continuó sigue siendo un proyecto de armonía en la diversidad a reflexionar.

La ciudad de Alcalá de Henares nos condujo, en cambio, a la casa natal de Cervantes y una escultura callejera de Don Quijote y Sancho nos esperaban en la puerta de ingreso. El arreglo de las habitaciones ilustraban la vida cotidiana de una familia que, en principio, fue acomodada a mediados del siglo XVI y la recreación de los títeres del retablo del Maese Pedro ("Las aventuras de Don Quijote de La Mancha", capítulos 25, 26 y 27 en la segunda parte de la obra, de 1615)más todo lo que esta primera novela moderna generó en cuanto a las más diversas y posteriores expresiones artísticas ( música, ópera, ballet, cine, fotografía, etc.) fue maravilloso.

Ni hablar cuando cruzando La Mancha vimos los tradicionales molinos de viento que hicieron volar por el aire al hidalgo caballero y al pobre Rocinante y que en camino a la ciudad de Córdoba y cerca de Puerto Lápice ingresamos a una venta que bien podría ser una de las tantas que visitó el personaje, ya sea para velar sus armas, o descansar en el camino y encontrarse con las más curiosos y diversos personajes como el titiritero y galeote antes nombrado.

En Ávila sostuvimos una secreta conversación con Santa Teresa de Jesús a quien encontramos frente a la Catedral y en Segovia, además del imponente acueducto romano ( así hacen las cosas los imperios), visitamos el castillo (también imponente, otro imperio) que fue residencia veraniega de los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Y otra vez desfilaron ante nuestros ojos el Cid y todos los reyes de Castilla y el salón del doble trono de ambos monarcas, porque "tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando", en tanto que por las ventanas ojivales aparecía el paisaje de Castilla, de alta meseta, seco, amarillo, de vegetación rala.

Y así atravesando siglos, yendo y viniendo desde y hacia Madrid disfrutamos también de las tortillas de papas, el jamón ibérico, las tapas de chipirones, las noches cálidas y cenar en la calle hasta bien tarde en el hermoso barrio de "La Latina", y entre muchas cosas visitamos y visitamos y visitamos la pinacoteca más fabulosa que nos atrapó, porque es muy difícil irse del Museo del Prado y de la contemplación "deleitosa" de precisamente "El jardín de las delicias" de Del Bosco, de "Las Meninas" de Velázquez, de las "Majas" de Goya, de "El fusilamiento del 3 de mayo" o la terribilísima "Saturno devorando a sus hijos" y de su etapa de pintura más tenebrosa y oscura que realmente sobrecogen. Tampoco puede uno apartar la mirada del "Guernica" de Picasso en el Reina Sofía. También nos esperaba la Plaza de Toros, porque en España la tauromaquia no es broma y si no, sólo es necesario recordar el "Llanto por Ignacio Sánchez Mejía" de Federico García Lorca.

Después de Madrid nos esperaban Córdoba, Sevilla (Hispalis o Spalis para los íberos y Ishbiliya para los árabes), Granada, Alicante, Valencia y Barcelona y ya en Italia Roma y Florencia.

¿Cómo hacer justicia a estas ciudades en tan pocas líneas? Hay que llevarlas grabadas en los ojos, recordar el bullicio de sus calles, los poemas de Machado cuando dijo "Mi infancia son recuerdos/de un patio de Sevilla/y un huerto claro/ donde madura un limonero", recordar también las canciones de Serrat cuando dice "Colgado de un barranco, duerme mi pueblo blanco", o cuando cuenta la historia de España en su magnífica canción "Por las paredes", evocar los cuentos de Roma de Alberto Moravia y visitar además de las galerías degli Uffizi, la Academia y la casa de Dante Alighieri en Florencia.

Mirar "alguito" de España e Italia quedándose con ganas de más y con los ojos de una argentina y latinoamericana puede parecer también algo controversial : en España, el 12 de octubre es el "Día de la Hispanidad" y para nosotros es el "Día de la Diversidad Cultural", sin olvidarnos de la feroz conquista, del saqueo de los recursos de América, de que fuimos su colonia y el colonialismo cultural nos ha llevado por años a desviar la mirada de nuestros más ancestrales habitantes y las culturas americanas de los pueblos originarios. Pero hablamos español y la lengua común y la cultura hispánica presente en toda América Latina, así como la cultura de Occidente está inscripta fuertemente en nuestros antepasados, en nuestra formación, en lo que estudiamos en la escuela, en los versos que recitamos y en las canciones que cantamos con genuina emoción. La historia, la literatura y la tolerancia de la diversidad deben ser nuestras maestras.

Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego / marisamansilla2000@yahoo.com.ar


La casa natal de Cervantes, en Alcalá de Henares. Don Quijote y Sancho nos esperaban en la puerta de ingreso.

 
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