Continuaremos con la serie de artículos que venimos publicando. En el anterior, planteamos qué cosas hay que tener en cuenta para empezar a transitar el camino de la Alimentación Inteligente, que se plantea como solución al más grave problema sanitario de la historia de la humanidad: un mundo en el que el 80% de las enfermedades son causadas por los alimentos que consumimos y el modo en que nos alimentamos (entre las más comunes, la obesidad, el sobrepeso, las enfermedades cardiacas, las enfermedades degenerativas y el cáncer). También dejamos en claro en las anteriores entradas que este abordaje busca sacar a la alimentación del contexto médico en el que suelen ubicarla.
Por el contrario, lo que buscamos es comprender la biología alimentaria y la fisiología médica normal. Entender los hechos tal como suceden en la naturaleza como parte de la ecuación que mencionamos. Específicamente, comprender la importancia de considerar a los ciclos biológicos celulares, tisulares, hormonales, de órganos, aparatos y sistemas, de los ciclos específicos y de aquellos de los ecosistemas y del universo que habitamos. Entender que la biología tiende al equilibrio y no a la enfermedad, como nos han acostumbrado. Por eso, nada de balanzas, ya que no existen en la naturaleza, y nada de conteo de calorías, ya que la fisiología alimentaria es un conjunto de procesos más profundos que los que pueden calcularse desde estas aproximaciones físico-químicas. La búsqueda es por recuperar los equilibrios perdidos, recuperar el potencial biológico y así poder alcanzar diferentes objetivos, como adelgazar sin dietas, regular el peso naturalmente, e implementar hábitos fundamentales para prevenir enfermedades.
Desarrollo del autoconocimiento alimentario:
El punto de partida para desarrollar la Alimentación Inteligente es entender que "comemos lo que somos". Esto significa que nuestra historia, cultura y personalidad definen aquello que comemos y lo que no. Comprender por qué comemos lo que comemos es necesariamente el primer paso para construir y/o reeducar hábitos. Es el camino inverso a aquél en el que las personas están acostumbradas a que le digan qué comer, cuánto, cuándo y hasta de qué marca.
Pero ese camino es un atajo que no sirve. El caballo va delante del carro y para eso es preciso identificar las razones de nuestras elecciones alimentarias, de nuestros miedos, gustos, preferencias, etc. Necesitamos saber por qué hay ciertos alimentos que llegan a nuestra cocina o a la mesa mientras que otros no. Por qué algunos nos gustan y en otros ni siquiera reparamos. Y para conocer esto es preciso adentrarnos en algunos aspectos de nuestra antropología a historia familiar.
Genealogía Alimentaria
Para alcanzar a conocer los secretos del porqué de nuestra alimentación utilizamos una metodología que desarrollamos especialmente y que nos permite establecer con claridad aquellos hitos, accidentes o episodios que han resultado determinante en la historia alimentaria familiar. Se trata de un cuestionario estructurado con preguntas específicas para aplicar sobre el árbol genealógico, y el modo en que éste debe ser interpelado. Este insumo de trabajo resulta fundamental para poder realizar cualquier transformación posterior: no puede cambiarse con éxito aquello que no se conoce. Necesitamos una dirección y nos la da precisamente el trabajo de autoconocimiento alimentario a través de la metodología de la genealogía alimentaria.
¿Por qué es tan importante este Primer Paso? Porque un aspecto central de la alimentación humana es que tiene carácter gregario. Es decir, la alimentación humana no es un hecho individual, sino que es parte de un proceso que involucra a todos los miembros del clan. La alimentación llevada adelante aislando a la persona de su núcleo familiar, hecho muy común en las dietoterapias, va a contramano del modo natural de la alimentación de nuestra especie.
Este carácter comunitario (aunque no social, no confundir) de la alimentación es clave para que se establezcan las líneas alimentarias, las tradiciones, los gustos, las preferencias y todas las experiencias grupales que son parte del estilo de alimentación familiar. Estos condicionamientos (positivos o negativos), se sabe que pueden transmitirse entre generaciones. Incluso hechos acontecidos hasta 3 o 4 generaciones previas pueden condicionar comportamientos alimentarios presentes.
¿Nunca te preguntaste por qué no te gusta tal comida? ¿O por qué hay comidas típicas de tu familia que no existen en otras? Seguramente la respuesta está en algún episodio de la historia familiar, puesto que la explicación definitivamente no se encuentra en la biología.
Dr. Fernando Valdivia / Email: fv@fernandovaldivia.com / Sitio Web: www.fernandovaldivia.com



