Desde un principio la alianza Cambiemos se fijó como uno de sus objetivos fundamentales disminuir el costo laboral o sea bajar salarios y disminuir los derechos de los trabajadores. En este sentido recordemos cuando el propio Mauricio Macri declaró en una entrevista televisiva previa a su triunfo electoral que para que las empresas ganen en competitividad se debía bajar sus costos y que el costo laboral es un costo más.
A esta altura del partido es evidente que entre todas las promesas de campaña que resultaron totalmente falaces, la de bajar el costo laboral la están cumpliendo con creces porque en esto de empobrecer a los laburantes el mejor equipo de los últimos 50 años es experto.
No obstante el éxito logrado al gobierno le resulta poco, recordemos que no pudo conseguir que la reforma laboral pretendida tuviera la aprobación del Congreso por el firme rechazo que provocó tamaña pretensión, inclusive de los gremios que se suponía eran cómplices. Ni siquiera sirvió la amenaza del Jefe de Gabinete Marcos Peña cuando sentenció que los trabajadores tenían que elegir entre mejores salarios o seguir trabajando.
El problema fue que a poco de andar la disyuntiva planteada se demostró que también era falsa. Los salarios comenzaban a caer y los despidos a aumentar y esto es así porque desde hace mucho tiempo se sabe que para bajar salarios y derechos a los niveles pretendidos por las actuales autoridades hace falta que haya en las puertas de las empresas largas colas de gente buscando trabajo sin importarles demasiado las condiciones ofrecidas por su desesperación por conseguirlo.
Los economistas neoliberales recitan una y otra vez que el verdadero motor del crecimiento es la inversión y no el consumo y por lo tanto cuanto menos ganen los trabajadores mejor porque favorece la inversión en detrimento del consumo y que además esto empuja a la inflación a la baja por la consecuente caída de las ventas.
En definitiva la cuestión es, hoy como siempre, decidir qué sector de la población se queda con la mayor parte de la riqueza que crea nuestra economía, si la minoría más rica o la mayoría menos rica o directamente más pobre, para decirlo sin eufemismos.
El problema es, como alguien dijo hace tiempo, que la realidad es la única verdad y es esta realidad que está sufriendo la mayoría del pueblo la que está demostrando que pese al empobrecimiento generalizado la creación de riqueza no sólo no crece sino que está disminuyendo y la inflación se desbocó y por error de diagnóstico no hay forma de sujetarla.
En su discurso al inaugurar un parque eólico en Chubut, el Presidente Mauricio Macri como parte de su pelea contra los Moyano y por ende contra el gremio de Camioneros apuntó contra "el costo de la logística" en la Argentina. Resulta preocupante que esto sea dicho por quienes aumentan permanentemente combustibles y peajes. ¿Será que para la lógica gubernamental lo único que aumenta el costo de la logística es el salario del camionero?
En esa misma alocución manifestó que "Cada uno tiene que cobrar lo que corresponde, nadie puede pretender cobrar más de lo que vale su trabajo porque deja a cientos de miles de argentinos sin trabajo". Esto demuestra, por un lado que nuestro presidente considera que el trabajo de los argentinos vale poco y nada y por otro que la culpa de la desocupación es culpa de quienes pretenden una remuneración que les permita vivir con algo de dignidad. Esto forma parte del permanente latiguillo de "yo no fui", tal vez para diferenciarse de Carlos Menen. Macri no lo hizo.
En realidad todo lo que nos sucede es una cuestión de clase, de la clase más rica. También llamada oligarquía.



