Vivimos en la actualidad un momento de gran puja política entre dos postura prácticamente antagónicas que se debaten constantemente en la opinión pública. Por un lado, la posición del Gobierno Nacional que apela a la "meritocracia" como principio rector de la actividad humana en el marco del sistema económico capitalista liberal. Por otro lado, y con bastantes problemas para canalizarse en la dirigencia política, la igualdad de oportunidades como resultado de las políticas públicas de un estado que garantice a todos las mismas posibilidades de desarrollarse en el sistema económico desde un punto de partida común.
La "meritocracia" a mi entender es sumamente perjudicial para las sociedades porque lo que hace es convertir al ser humano en enemigo del ser humano entre los cuales compite por la "supervivencia" en el sistema económica que da espacios para unos pocos y que solo reconoce a las personas "exitosas" desconociendo las diferencias que el mismo sistema fomenta y que hace que esta "competencia" sea desigual desde el inicio. Consecuentemente la meritocracia daña a las sociedades en general y al ser humano en particular transformándolo en un ser egoísta e individualista.
Para justificar esto que estoy diciendo, basta con basarse en las pruebas empíricas que demuestran que aquellos países que apostaron a la igualdad de oportunidades entre ricos y pobres no solo progresaron como país sino y principalmente como sociedad. Y que eso repercute de manera positiva en el sistema educativo lo cual retroalimenta el progreso de la sociedad. Un ejemplo concreto de ello es el modelo Finlandés, el cual es conocido como el "milagro finlandés" el cual inició en la década de los 70 y cobró fuerza en los años 90 con una serie de reformas innovadoras. En un lapso de 30 años, Finlandia transformó un sistema educativo mediocre e ineficaz en una incubadora de talentos que encabezó rankings mundiales de desempeño estudiantil y apalancó el nacimiento de una economía sofisticada y altamente industrializada.
Los paradójico de esto es que los finlandeses están haciendo exactamente lo contrario de lo que el resto del mundo (principalmente el actual gobierno Argentino) hace en la eterna búsqueda de mejores resultados escolares; el recetario finlandés incluye reducir el número de horas de clase y limitar al mínimo los deberes de casa y las pruebas escolares.
Pasi Sahlberg, uno de los creadores de las reformas políticas educativas de Finlandia en los años 90 explico con claridad el éxito de la política educativa sosteniendo que "El estado de bienestar social finlandés desempeña un papel crucial para el éxito del modelo al garantizar a todos los niños oportunidades y condiciones iguales para un aprendizaje gratuito y de calidad". En todas las escuelas de Finlandia, ahí se puede ver al hijo de un empresario estudiando junto al hijo de un obrero. En el amplio comedor, se sirven a diario comidas saludables de manera abundante a los estudiantes, mientras que los servicios de atención médica y odontológica cuidan de manera gratuita la salud de los 940 alumnos.
Todo el material escolar también es gratuito. Los equipos de pedagogos y psicólogos acompañan cuidadosamente el desarrollo de cada niño para identificar problemas como dislexia y proporcionar apoyo inmediato. También hay una amplia y solidaria red de protección a los ciudadanos. "La desigualdad social, la pobreza infantil y la ausencia de servicios básicos tienen un fuerte impacto negativo en el desempeño del sistema educativo de un país", puntualiza Sahlberg.
Hasta finales de los años 60, solo el 10% de los finlandeses había terminado la enseñanza secundaria. Las oportunidades eran limitadas y el acceso, desigual. Muchas familias no podían pagar las instituciones privadas de enseñanza y las escuelas públicas eran insuficientes.
En la década de los 70, la nación fue convocada a cambiar. Una educación pública estelar pasó a ser percibida como la base fundamental para la creación de un futuro menos mediocre y desarrollar el capital humano del país se convirtió en la misión primordial del Estado finlandés.
El principio de igualdad e inclusión social marcó el desarrollo de los años 70 de la nueva "peruskoulu" (educación obligatoria finlandesa), que abarca la enseñanza primaria y la media. El éxito Finlandés nos enseña que son la igualdad y la inclusión los principios que se deben aplicar en la sociedad argentina no solo para avanzar en el plano educativo sino para que podamos superar como sociedad los umbrales que hacen a una comunidad solidaria, equitativa pero fundamentalmente humanista. Nuestro Gobierno Nacional va en la dirección contraria y lo único que va a cosechar son resultados negativos para nuestro país. Torcer el rumbo actual es fundamental si queremos resolver los problemas estructurales de la sociedad Argentina y el ejemplo Finlandés es un ejemplo claro para que la dirigencia entienda cual es el camino.



