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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 30/sep/2018 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Un acuerdo político con escasa factibilidad económica
Por Mara Pedrazzoli






Mara Pedrazzoli. Foto: Facebook.

Las proyecciones económicas que subyacen al acuerdo no son creíbles; y aún si lo fueran, los shocks adversos que pueda enfrentar Argentina deben contemplarse como en cualquier programa financiero serio.

El acuerdo con el FMI anunciado desde Washington implica que se adelantarán USD 19.000 millones en 2018 y 2019 de los desembolsos previstos para 2020 y 2021. Es un acuerdo político que le permite a Cambiemos cumplir sus obligaciones (el pago de capital e intereses por la deuda mayormente externa contraída desde 2016 como una forma deliberada de financiar el gasto público) antes del cambio de mandato.

Por un camino más gradual, otro gobierno habría podido equilibrar las cuentas públicas apostando al crecimiento económico, la moderación del gasto público y una reforma impositiva de corte progresivo. En la otra punta están economistas más liberales que el PRO, como Javier Milei quien desgraciadamente lidera el ranking de especialistas con más tiempo al aire en tv, que aducen el déficit cero debió haber llegado a comienzos del siglo XX.

En el mundo, el 80% de los países tienen déficit en las cuentas públicas, como informó Fernando García Diaz en base a datos del FMI. ¿Qué financia el acuerdo con el FMI entonces?

Es deuda que financia deuda ya tomada por el gobierno (gestión Caputo en sus diferentes versiones) para financiar gasto público. Deuda mayoritariamente en dólares porque Argentina se abría a los mercados internacionales. Pero que costeó gastos en moneda local. Letes, Bonar, Bonar dual, Botes. Los mayores vencimientos futuros se encuentran en Letes (que vinieron a reemplazar a las Lebac que eran en pesos).

Por la mala gestión de gobierno al país le fue progresivamente más difícil renovar sus vencimientos de deuda. Los inversores locales deshacían sus tenencias en bonos del sector público para pasarse a una alternativa más rentable y menos riesgosa. Adivinó cuál. El dólar. Los inversores extranjeros observando el libre ascenso de la prima de riesgo país también se pasaron a dólares.

Argentina, así como no había sido conducida a ningún escenario de crecimiento económico desde la política pública, tampoco encaró transformaciones o procesos necesarios para autoabastecerse de dólares. Más bien lo contrario: fomentó desde el gobierno el endeudamiento externo, la especulación financiera y la entrada de importaciones.

En abril comenzó la crisis cambiaria. ¿Sorprendió al gobierno: se trató de una tormenta inesperada como dijeron? Claro que no, cualquier argentino mínimamente atento sabe que Argentina siempre sufrió el problema de la escasez de dólares. Ya sea por el lado "real" (porque no diversificamos nuestro perfil exportador ni sustuímos gran parte de las importaciones) como por el lado financiero (porque no mantenemos en el tiempo regulaciones prudentes a los capitales financieros). Y si hubo un contagio externo, pues para eso también tienen que estar preparados los países, para eso acumulan reservas en el Banco Central: pero las nuestras venían progresivamente cayendo.

La crisis cambiaria lleva como mínimo 5 meses de mala administración. Se llevó puesta dos presidentes del Central, un modelo de metas de inflación, un préstamo del FMI que quedó chico (en 3 meses se fugaron los dólares que venían a engrosar reservas hasta fin de año), etc. etc. Varios tuits de economistas negando la importancia de estabilizar el tipo de cambio, subestimando inclusive sus consecuencias inflacionarias.

Ante ese escenario el adelanto de los desembolsos del programa acordado con el FMI en junio es una buena noticia, la devaluación cambiaria empeoró considerablemente el perfil de la deuda y despertaba el riesgo de default: el ratio de deuda pública sobre PIB superó al 80% dando señales de escasa solvencia.

Las señales fiscales son un componente crucial en los programas de estabilización del Fondo, como sostiene el querido economista Roberto Frenkel. El déficit fiscal primario de 0% del PIB en 2019 es el centro del acuerdo con el FMI.

¿Se cumplirá esa meta?

No se sabe. Pero no será la primera vez en la historia de los planes de estabilización del Fondo que la recesión (fogoneada desde la política pública, exacerbada en el marco del último acuerdo) malogre el cumplimiento de la meta fiscal, en la medida en que la recaudación tributaria se resiente con la caída de la actividad.

Algo de esto debió preveer Mauricio Macri cuando a su pesar decidió incrementar las retenciones. Por el lado de los gastos es más factible que el acuerdo se cumpla, el gobierno no duda en trasladar las subas de las tarifas dolarizadas que acompañan la devaluación al costo de los ciudadanos (pese a que ello encienda más la inflación y la recesión económica) como se vió esta semana.

Martín Guzmán, un reconocido economista heterodoxo, asentía en una entrevista a TN que las estimación de reducción del déficit fiscal de -2,6% en 2018 a 0% en 2019 debían hacerse proyectando una caída del PIB de no menos que -4% anual (-2p.p. de caída del PIB por cada punto de reducción del déficit, dado el efecto multiplicador conocido entre especialistas). Las proyecciones del Presupuesto 2019, que difunde las bases del programa y que esta semana perdió sus principales 4 votantes (espero), prevén una caída del PIB-0,5% en 2019.

Es curioso porque desde que inició la crisis cambiaria todas las variables macroeconómicas empeoraron. La crisis no parece menguar y tampoco la trayectoria de las últimas ¡excepto en la Argentina 2019!

¿Qué pasa si no se cumple el acuerdo? ¿Por qué no contempla posibles escenarios adversos como cualquier programa financiero serio? No se sabe. El gobierno no difunde la letra chica y recordemos que en general estos planes se incumplen y que acabamos de hacer mal las estimaciones hace apenas tres meses atrás.

¿Cómo funciona el nuevo régimen monetario, cambiario?

El crecimiento 0% de la base monetaria de aquí a junio de 2019 fue presentado como La política anti-inflacionaria del gobierno, que en cualquier libro de texto precede (es decir hoy día representa un retroceso) al régimen de metas de inflación recientemente abandonado. Un agregado monetario es como un paquete en el cual se engloba a la cantidad de dinero de una economía, entendiendo que el dinero puede asumir formas más o menos "líquidas", es decir un agregado como el M1 (circulante más cuentas corrientes del público) es más líquido que el agregado monetario M2 (M1 más cajas de ahorro) y que el M3 (M2 más plazo fijo). La base es el agregado que directamente controla el Banco Central (circulante más encajes bancarios, estos últimos son depósitos que los bancos están obligados a mantener en el Central). No es una "meta" como la inflación sino algo que "produce" y por ende no puede fallar en lograr.

Ahora bien, el crecimiento de la base monetaria si bien pasa por el Central, está asociado (o determinado, según la teoría económica heterodoxa) al uso de ese dinero para las transacciones corrientes que realizan, dado el nivel de precios, los ciudadanos. Si la inflación es del 34% anual, la base monetaria mostrará un crecimiento acorde: 39% anual promedio en lo que va de 2018. Si ante ese escenario, el crecimiento de la base pasa a ser 0%, significa que muchas operaciones que requieren dinero líquido no podrán realizarse. Es decir habrá un recorte importante del dinero que por ejemplo los bancos ofrecen a préstamo, de los salarios, jubilaciones, asignaciones de aquí a junio de 2019.

De esa manera, el FMI garantiza que casi no habrá pesos circulando en la economía, y profundizando la recesión controlarían la suba de precios.

Pero Argentina es un país especial, aquí se acuñó el término "estanflación" difundido en los manuales de texto de economía. Y representa justamente el caso "anómalo" donde la inflación persiste pese al estancamiento económico. Eso se debe a que la causa de la suba de precios tiene otro origen (y sólo es propagada por el crecimiento económico, déficit fiscal o expansión de la base monetaria). Adivinó: la causa es el tipo de cambio. Nosotros vendemos alimentos en el extranjero, de modo que -al estar desregulado- su precio depende del tipo de cambio -otrora había una Junta de Granos que fijaba topes a los precios domésticos. Lo mismo con los combustibles. Además importamos insumos, entonces los costos de casi todos los bienes industriales tienen un componente que ajusta con el tipo de cambio. Además los comerciantes especulan.

Como el FMI no está tan ajeno a estas discusiones, aceptó finalmente acompañar el programa monetaria con una "zona" (ya que para banda es muy ancha) de intervención/no-intervención cambiaria. Un esquema donde el tipo de cambio tiende a "reptar" dentro de una zona, la cual es actualizada mes a mes con una pauta conocida por el mercado se aplicó previamente en Argentina con otras versiones: la tablita de Martinez de Hoz, el Plan Austral de 1985 y la Convertibilidad en su modo más extremo. Es preciso demasiada credibilidad o intervenciones cambiarias fuertes de parte de la autoridad monetaria para que el esquema de devaluación programada -en 3% mensual en este caso- se respete. Ninguna de esas condiciones cumple el directorio del flamante Sandleris. El FMI dispuso un tope diario a las intervenciones del Central de USD 150 millones que no aleja a ningún cambista. Dos días después del anuncio se dijo que Hacienda obtendría dólares de más según el programa financiero y que podría disponer de ellos para intervenir en el mercado pero en base a un cronograma preanunciado, acordado con el FMI. Todo lo cual resta la celeridad que demandaba Toto para frenar el alza de la divisa.

Al día siguiente de conocerse el acuerdo con el FMI y el nuevo programa financiero, los bonos argentinos mejoraron su cotización y cayó el riesgo país, pues se alejaba el riesgo de default. Quién nunca cedió fue el tipo de cambio, que subió $4 en la semana(un 11%) para cerrar cerca de los ARS/USD 41. Si el gobierno es incapaz de frenar la crisis cambiaria, no podrá poner un freno a la inflación, por lo menos no en Argentina.

En lo que va de 2018 la inflación alcanza el 34% y es probable que acelere con la última devaluación. A su vez el dólar ya superó el nivel proyectado en el Presupuesto del año próximo. Y sabemos que los precios no bajan. El panorama es extremadamente delicado y triste.



 
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