Prácticamente todas las Sociedades Médicas y Cardiológicas aconsejan que los individuos adultos realicen al menos 30 minutos o más de actividad física de intensidad moderada, preferiblemente todos los días de la semana como medida preventiva de la enfermedad cardiovascular.
Sin embargo, la prescripción de ejercicios se basa en la individualización del tipo de actividad, su intensidad, duración, frecuencia y progresión. La misma ha de basarse en una evaluación objetiva de la respuesta al ejercicio, que incluye la respuesta al esfuerzo de la frecuencia cardíaca, la presión arterial, el electrocardiograma, la capacidad funcional y la percepción del esfuerzo.
Existen varios propósitos en la prescripción del ejercicio: ganancia en la aptitud física, preservación y promoción de la salud (actuando sobre factores de riesgo en enfermedades crónicas). La programación de un plan de actividad física ha de prestar atención a las necesidades e intereses individuales y a las situaciones particulares de cada individuo.
Se sabe que la cantidad de ejercicio necesario para promover y preservar la salud es menor que aquella necesaria para ganar y mantener un gran estado atlético.
Uno de los principales objetivos de la prescripción es lograr que el plan propuesto sea del suficiente agrado para la persona como para que adopte definitivamente una vida activa.
La evaluación clínica debe incluir:
1) Historia Clínica
2) Exploración física
3) Laboratorio
4) Radiografía de Tórax
5) Electrocardiograma
6) Ergometría
Esta última prueba permite estimar puntualmente la capacidad funcional: Podemos decir que, en reposo, una persona consume aproximadamente 3,5 mililitros de oxígeno por kilogramo de peso y por minuto, lo cual equivale a un "MET". La resistencia o capacidad aeróbica de una persona dependerá de cuántas veces puede elevar ese valor basal con el ejercicio. Cuánto más eficiente sea el sistema aeróbico en transportar oxígeno y los músculos en metabolizarlo, mayor será la capacidad en METs.
Paralelamente al aumento de la capacidad funcional que se da con el entrenamiento, encontramos otros beneficios en la salud, como una mayor tendencia a deshacernos de la grasa corporal, menor tendencia a padecer hipertensión arterial, un aumento de la fracción de colesterol "bueno" (HDL), una disminución del riesgo de osteoporosis y un aumento de la secreción de endorfinas que mejoran el estado de ánimo, favoreciéndose además el adecuado descanso nocturno, el control del stress y mejoras en la interacción social.
Con todos los elementos de la evaluación clínica se realizará entonces, la planificación de la frecuencia semanal, intensidad del entrenamiento, duración de las sesiones, el tipo de ejercicio y la planificación del entrenamiento de resistencia y fuerza muscular.
Dra. Vanesa Serini - Médica Cardióloga
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