La analogía respecto de la década del 90´, si estamos o no ante una coyuntura que puede terminar como la crisis de 2001, no debe limitarse al grado de exposición en los balances de los bancos a pasivos en moneda extranjera, hecho que derivó en el "corralito bancario" ante la inminente devaluación de la moneda. La similaridad evoca también a la crisis social profunda a la que condujeron las políticas del actual gobierno. Fueron los pequeños ahorristas, los movimientos sociales, de desocupados y los trabajadores precarizados quienes coparon la plaza a fines de 2001.
Me interesa marcar una diferencia importante entre el proceso de "integración financiera internacional" llevado a cabo en Argentina en los años 90´ y la actualidad y, por ejemplo, para citar un caso cercano, lo ocurrido en Brasil desde los 90´, que es la capacidad de los sectores más rentables de la economía (servicios) de absorber la mano de obra desempleada proveniente de las ramas productoras de bienes. Eso no ocurrió en Argentina, donde la tasa de desempleo interrumpe su sesgo ascendente sólo a partir de un cambio abrupto en las "reglas de juego" durante el gobierno kirchnerista.
Un segundo aspecto relevante a la hora de encarar regímenes de acumulación sostenidos por la entrada de capitales (financieros o productivos) es que tanto en el corto como en el largo plazo (si el país se configura como receptor "maduro" de capitales extranjeros) los flujos de capitales especulativos o financieros son más copiosos que las inversiones productivas. Dando cuenta de un cambio de paradigma. En las últimas dos décadas el ingreso de capitales financieros a Brasil promedió USD 9,3 billones mientras la IED tuvo una media de USD 8 billones. Al respecto Argentina es más volátil.
Lo anterior supone que la economía se torna más vulnerable al contexto internacional (contagio) y a la reversión abrupta de capitales (sudden-stop). En ese sentido, Brasil es un ejemplo en tanto subsisten controles a los movimientos de capitales y a las transacciones en moneda extranjera dentro del país con el proceso de integración financiera internacional (lo cual no impidió que obtuviera el "investment grade" de parte de las neo-liberalizantes agencias calificadoras de riesgo). No esperó un sudden-stop para acorralar, imponer un cepo o mega-devaluar la moneda.
Los mercados no tienen amigos: lo sabe el kirchnerismo y los sabe el macrismo. Fue llamativo escuchar en la última semana a Elisa Carrió denunciar un intento de golpe tras la corrida cambiaria. Al igual que con el surgimiento del dólar-blue, los bruscos cambios en la cotización del dólar de la semana pasada se dieron con bajos volúmenes de dinero operado. "El chiquitaje" está detrás de un proceso que genera gran nerviosismo y consecuencias económicas severas para buena parte de la población argentina.
Si parte de la sociedad no deja de ofenderse por la aplicación de regulaciones a la compra-venta de dólares, difícilmente podamos avanzar hacia un sendero de desarrollo que implica discutir medidas serias y sostenibles en el tiempo para regular a los grandes jugadores y prohibir la apropiación o manejo de nuestros recursos naturales estratégicos.
Mara Pedrazzoli / mara.pedrazzoli@gmail.com



