El gobierno insiste en que el principal problema que enfrenta es el déficit fiscal y que por lo tanto su abrupta disminución o su eliminación si la sociedad se lo permite, solucionaría todos los problemas económicos que afectan a la gran mayoría de quienes habitan en nuestro país.
En realidad, el gran problema que ha provocado el macrismo es la descomunal deuda externa que como es sabido está nominada en dólares, moneda que nuestro país no imprime y que no tiene en cantidad suficiente.
Lo concreto es que se necesitan por año algo así como 50 mil millones de dólares para cubrir la diferencia entre las divisas que salen y las que entran. A esta cifra se llega sumando los intereses de la deuda externa, la enorme fuga de capitales, la diferencia entre lo que se importa y lo que exporta, y la mayor cantidad de argentinos paseando por el exterior que extranjeros visitando nuestro país.
Hasta el año pasado esta necesidad de divisas era cubierta con préstamos de "los mercados" que se interrumpieron este año por el riesgo que significaba haber tomado tanta deuda en tan poco tiempo. Esta fue la razón que obligó a recurrir al FMI y que por su magnitud se suponía que iba a alcanzar para pagar nuestros vencimientos futuros. Esto mismo se creyó con el blindaje del mismo Fondo al gobierno de De La Rúa y que desembocó en la crisis del 2001.
Ante esta situación muchos especialistas comenzaron a alertar sobre la posibilidad de que no estuvieran disponibles los dólares necesarios para hacer frente a los vencimientos de deuda del año que viene y por consiguiente la posibilidad de que se caiga en un default lo que significó una gran intranquilidad en los mercados financieros y la posibilidad de otra gran corrida contra el dólar.
El miércoles, poco antes de iniciarse la jornada cambiaria, el mismísimo presidente Macri habló por cadena nacional anunciando un acuerdo con el FMI para adelantar el desembolso de 29 mil millones de dólares que se supone alcanzan para cubrir los vencimientos y de esta manera calmar a las fieras. Como este anuncio reconocía implícitamente las dificultades existentes la temida corrida igual se produjo. Para colmo a la noche el ministro Dujovne declaró que este nuevo acuerdo todavía no se había firmado y recién se estaba discutiendo.
A la misma hora que el presidente pero al día siguiente, el jefe de gabinete Marcos Peña habló ante una reunión de empresarios donde afirmó que "no estamos ante un fracaso económico ni mucho menos", agregando que "la Argentina va a salir adelante y más fortalecida" porque "lo dicen todos los indicadores". A esa hora la divisa norteamericana llegaba a los 41 pesos.
Todo indica que la estrategia comunicacional del gurú Jaime Durán Barba pudo servir para ganar elecciones pero no para convencer a "los mercados" que se supone son sus amigos. Es que los negocios son los negocios.
Mientras tanto los papeles argentinos, tanto públicos como privados, se derrumban en Wall Street y las principales entidades financieras estadounidenses aconsejan a sus clientes huir de nuestro país.
Una de las pocas cosas que le salieron bien es la pulverización de los salarios y el permanente aumento del costo de vida. Es por eso que no debe extrañar que la conflictividad social está ganando las calles y plazas en todo el país.
Como dijo Atahualpa Yupanqui, las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas, incluso Vaca Muerta.



