Estamos frente a varias disyuntivas en lo que se refiere a la imagen de nuestra ciudad y su desarrollo futuro. En algunos aspectos, resulta muy difícil de interpretar, como a partir del Código de Planeamiento, se generan alternativas de alturas en determinados barrios de Campana donde existen zonas urbanizadas que debieran considerarse de interés, y por ende preservarse en beneficio para de favorecer una identidad barrial, y donde cualquier interposición en altura, distorsiona el promedio de lo ya construido y consolidado. Estoy hablando de calles que durante los años se han ido consolidando con frentes bajos y viviendas de determinada calidad edilicia, donde la interposición de edificios con las nuevas alturas permitidas para la zona sólo vendrían a romper ese imaginario domestico ya constituido.
Este es un inconveniente de la planificación por zonas. Al momento de redefinir el código no se hizo este análisis sectorial y de esta forma la ciudad siguió manteniendo esa división zonal que por más variantes que haya manifestado es nada más que el mismo criterio objetable de la primera delimitación de áreas. La definición por zonas implica la uniformidad conceptual sobre el territorio que es precisamente lo contrario a la característica mas importante que tiene una ciudad ya que esta al ser una creación colectiva generada por los individuos al intervenir en su propia tierra, produce una diversidad de oportunidades y alternativas que es lo que le da la variedad a la ciudad. Estos sectores consolidados hoy, tienen la posibilidad de tener 5 o 7 pisos de altura según como se interprete la norma, y esto probablemente termine rompiendo ese espíritu original existente y esas tramas consolidadas de barrios bajos, que no han sido tenidas en cuenta al momento de esta modificación del código en un supuesto acto planifica-torio de la ciudad.
Mi visión es que desde el sector profesional independiente, se hace muy difícil defender aspectos de código que son indefendibles. La realidad es que en aquel momento que se puso en marcha la reforma del Código de Planeamiento original que tuvo casi 30 o mas años de vigencia, amparados en el criterio de crear una nueva estrategia para la ciudad, hubo momentos en los cuales se revistió el proceso de una carácter participativo dejando a los profesionales con incumbencias en la materia, expresar sus puntos de vista. De hecho hubo muchas ideas y muchos individuos e instituciones locales que participaron aportando visiones, pero al momento efectivo de transferir lo expresado a la norma escrita, se produjo un vacío de relación y durante más de un año, se elaboró una reglamentación a criterio y voluntad del Codificador, y esta voluntad contrarió en muchos aspectos aquello que los profesionales apuntamos oportunamente.
Muchos de los temas nos tomaron por sorpresa, y es el procedimiento al que aludo habitualmente en estas notas cuando hablo de operar en caja negra, un proceso en el cual el que escribe pone lo que le parece más razonable y no lo que surge de un consenso permanente en el debate con los actores y usuarios finales. Lo más grave que puede suceder cuando uno intenta modificar una norma que posteriormente debe ser aplicada, replicada, defendida por un conjunto de actores que se constituyen en los informantes claves de este proceso, es que esta norma sea aceptada e internalizada por todos los que habrán de resultar los efectores de la aplicación fáctica de esa norma.
Este es el problema que tenemos en este momento en que la norma va por un lado y la realidad de las necesidades urbanas va por otro. Entonces hasta que no nos sentemos definitivamente e interpretemos que la constitución de la agenda del concejo urbano, sea un hecho colectivo, colegiado y compartido, y que los debates se produzcan sobre la base de una agenda consensuada que contemple todos los temas que verdaderamente son urticantes para el desarrollo de la ciudad, será muy difícil que los profesionales los incorporen como propios y los puedan defender posteriormente frente a la comunidad que es la que los consulta y la que finalmente les confiere la responsabilidad de llevar adelante distintas intervenciones urbanas, a través de las obras privadas.
Este desequilibrio que se ha producido a partir de la sanción del nuevo Código hace unos años atrás, hoy por hoy, se hace difícilmente sustentable, porque indudablemente la ciudad ha visto limitada sus posibilidades, la sociedad ha visto limitada sus posibilidades, y tiene que incurrir muchas veces en irregularidades, o antirreglamentariedades, para cosas muy sencillas como ya he repetido hasta el cansancio, el caso de construir una unidad funcional accesoria sobre la terraza de una casa, para darle una vivienda a un hijo, y tener que demoler una sala de estar de la planta baja para dar satisfacción a la obligación de tener dos cocheras.
Es el momento de interpretar que la agenda del Concejo urbano solo se va a enriquecer si la administración publica incorpora al debate los temas que hoy preocupan a la sociedad en el ámbito de la construcción y el desarrollo edilicio de la ciudad, puestos de manifiesto por los técnicos con incumbencia en la materia que se constituyen para este efecto como los informantes claves de este proceso, por sobre los temas que constituyen exclusivamente su propia agenda que no por urgente resulta necesariamente más importante que aquella otra que nos preocupa.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



