"Este tipo de enfermedades necesita de un tratamiento transdisciplinario, de médicos especializados y de un sistema sanitario que contemple las necesidades de los pacientes", afirma Juliana Mociulsky, médica endocrinóloga, Jefa de Nutrición en el Instituto cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) y miembro titular de la Sociedad Argentina de Diabetes.
-¿Cómo se define la obesidad?
-A través del índice de masa corporal (IMC) que sirve para categorizar los riesgos en salud. El valor para definirla es de kg/m2. Cuanto más alto es ese número, mayores posibilidades de tener cáncer, artrosis, apnea de sueño, a lo que se le deben sumar las limitaciones en la funcionalidad cotidiana, la depresión y el encierro.
-¿Qué factores determinan la obesidad?
-Las causas son múltiples: el componente genético, la forma familiar de comer, el trabajo, el entorno obesogénico favorecido por la industria alimentaria y el sedentarismo. Por otra parte, hay un circuito en el organismo que regula la ingesta de alimentos, circuito que las personas obesas tienen desbalanceado y una de cuyas consecuencias es no recibir adecuadamente la señal de saciedad. Cuando alguien baja de peso, se elevan hormonas que aumentan el apetito, porque el cuerpo regula siempre para arriba y esa es la razón por la cual es tan difícil que puedan mantenerse en el peso adecuado.
-¿Cuáles son las enfermedades más importantes a las que está asociada la obesidad?
-Las más importantes son la hipertensión, la diabetes y el colesterol alto, todas enfermedades que implican riesgo cardiovascular.
-¿Hay enfermedades menos graves derivadas del exceso de peso?
-Sí, por supuesto. Hay derivaciones que provocan alteraciones en la vida de las personas como es la apnea de sueño que impide al paciente dormir bien (debido a que se sobresalta, aunque no se dé cuenta, por la falta de aire) e incrementa las chances de una enfermedad cardiovascular. Otras consecuencias comunes son, entre otros, los cálculos en la vesícula, problemas cutáneos y dificultad para higienizarse.
-¿Qué impacto tiene la obesidad a nivel psicológico?
-La característica común es la depresión y la negación. La persona obesa atraviesa distintas etapas. Una de ellas es la negación del problema que se traduce en inacción; Aceptar es el primer paso para hacer algún cambio.
-Hay muchos medicamentos destinados a adelgazar. ¿Son efectivos en la lucha contra la obesidad?
-Hasta ahora no se ha desarrollado el medicamento ideal para tratar la obesidad. Hubo algunos que fueron en cierta medida efectivos porque actuaban sobre los circuitos cerebrales, pero se los sacó del mercado porque generaban riesgo cardiovascular en gente de edad. Existen algunos fármacos, no aprobados en la Argentina, que actúan sobre el circuito de saciedad y recompensa, pero se deben valorar con rigurosidad debido a los posibles efectos secundarios. Donde ha habido avances importantes es en el tratamiento de la diabetes tipo 2 con obesidad, ya que existen fármacos, que si se utilizan en nuestro país y que tienen resultados probados en el descenso de peso y también en beneficios cardiovasculares. Estos son liraglutida, que ejerce efecto sobre el control de la saciedad, entre otras cosas, y empagliflozina, que actúa sobre la eliminación renal de glucosa y sodio. Otra cuestión clave es la relacionada con el estado anímico: un paciente deprimido no va a bajar de peso, no va al médico, no se cuida, etc. Hay una relación obesidad-depresión: es un circulo vicioso que se retroalimenta permanentemente y que también merece un abordaje diagnóstico y terapéutico.
Fuente: Infobae.



