"Noche de Solistas", el proyecto que aunó las fuerzas de los solistas Augusto Pérez Thomsem, Cristian "Ratola" Gigena, Santiago Capece y Juan Archoni con el acompañamiento de Facundo "Pony" Ponzio y Juan Slavin llegó a su fin. En la nota, un recorrido por el antes y el después del último show.
Probablemente sea el último ensayo de "Noche de Solistas". Buscando no interrumpir, me siento en una de las mesas de "Bisellia" y los observo funcionar. Dentro de una semana, en el mismo escenario, van a estar tocando por última vez.
Quieren tener todo ensayado, cronometrado. El show está pensado para mantener la atención de la gente, una meta que parece cada vez más difícil de concretar. Después de una hora, se ven obligados a parar por orden del bar. Deben cortar la luz para probar un arreglo en el aire acondicionado. Salimos a la calle, en el cielo las nubes están difuminadas como si hubiesen sido pintadas por un artista anónimo, un arrebol digno de fotografía. Entre risas y cigarrillos, recorremos los 5 años que llevaron a los "Noche de Solistas" a este cierre de ciclo.
EL ANTES
"La mística se formó en un invierno en el club Plaza Italia", cuenta "Pony" Ponzio (24), baterista. Corría el 2011 y en el "Baby Bar" administrado por el fallecido músico Carlos "Cato" Babio, sólo había jam sesions, programadas o espontáneas. Sin un lugar donde pudiesen mostrar sus canciones, comenzaron de forma improvisada a llevar sus guitarras criollas, cajones peruanos y melódicas para poder cantarlas y pasar un buen momento entre amigos. La juntada se volvió ritual y al tiempo empezó a captar adeptos.
Ya no eran un grupo de músicos buscando un lugar para expresarse: la movida crecía y ahora eran decenas de personas que se juntaban un viernes por mes para llenar un vacío en la escena campanense. En ese clima es donde se creo el tema emblema del proyecto, "Como punkies en bicicleta", canción que cantaban todos juntos con el público recorriendo la cancha del "Baby" como parte consagratoria de la noche.
Viendo que el fenómeno crecía, decidieron ponerse un nombre y rotar por todos los lugares que les ofreciera la ciudad. Fue una de esas noches donde comenzó la idea de conceptualizar los shows, algo que terminó siendo la marca registrada del grupo. Y como debían tocar en el Instituto 15, decidieron hacer un show basado en un cumpleaños de 15. Libro de firmas, torta y baile de vals. Hasta hubo sesión de fotos en el campito, todos los integrantes de traje acompañando a la cumpleañera, Augusto Pérez Thomsen (26), que usaba el vestido de su hermana.
Después de ese hito ya no era sólo música, al proyecto se sumaron actores y presentadores, entre ellos Ezequiel Éboli (23) y Agustín Villegas (25), quienes acompañarían al grupo en todas las ocasiones venideras. Sería la función colmada en el teatro Pedro Barbero donde pondrían toda la carne al asador: escenografía, vestuario y un guion teatral que interactuaba con la música en escena. "Era un guion contestatario donde se hablaba de temas de Campana que nos tocan a todos: el monopolio de Chevallier, la vida en la fábrica, los sueldos bajos del McDonald`s. Era poner el ojo crítico sobre las cosas que nos pasan siempre", dice Santiago Capece (26). "Mucha gente nos ayudó dando una mano al proyecto. En los Pedro Barbero éramos 30 personas trabajando", agrega Archoni (26).
Con el deseo de seguir manteniendo la entrada gratuita, los chicos hicieron una movida impensada para el momento: cobrar por tocar, dado los bares ganaban muy buen dinero gracias a la gente que el grupo llevaba. "En una época donde en muchos lugares había que pagar para tocar, hacer eso fue muy dignificante", afirma Archoni. "Con la guita que se juntó se compró un sonido que se compartió con otros solistas", agrega "Ratola" (33) quien, interpelado por la demanda de nuevos artistas deseosos de mostrar su música, creó entre otros el ciclo "Deja Vu" que hoy sigue vigente.
"Aprendimos a laburar en equipo. Confiando en el trabajo del otro uno se podía llevar muy lindas sorpresas", dice Juán Slavin (26) y Archoni completa: "Aprendimos entre nosotros a ser profesionales". El mejor ejemplo de esto lo da Santiago Capece: "En la primera noche en el Plaza Italia no sabía la escala de La. Hoy estoy por la mitad de la carrera de músico. Fuimos creciendo junto al proyecto".
A los músicos que conforman "Noche de Solistas" se los podría alinear en una corriente nacida de los cientos de bares cerrados post "Cromañón", artistas que recuperaban la guitarra criolla y se salían del rock teniendo como grandes referentes a Jorge Drexler o a Lisandro Aristimuño. "Tuvimos relación con varios y era una relación de pares. Estábamos en sintonía", dice "Pony". Todo ese material se condensó en el único registro como grupo, "No paren de bailar" (2017), producido en la casa de Archoni pero con un sonido que roza la profesionalidad de cualquier estudio mainstream.
Después de cinco años de puro crecimiento, los chicos deciden poner el punto final. Sin la energía necesaria que requiere "Noche de Solistas", prefirieron seguir siendo sinceros con ellos mismos y con el público antes que estirar el final para sacar rédito: "Si vamos a hacer las cosas a medio pelo es mejor no seguir haciéndolas", sintetiza Slavin. Todos coinciden en que después de haber tomado todas las posibilidades que Campana ofrecía, no sabían cómo seguir: "Nos perdimos en saber cual era el próximo paso", reflexiona "Pony" y Archoni agrega: "A los que han dado ese otro paso los han llevado de la mano".
El sol ya se escondió entre los edificios, no falta mucho para que se haga la noche. Una mezcla de nostalgia y arrepentimiento sobrevuela en el ambiente, seguramente es el clima que precede a cualquier despedida honesta. La luz ya volvió al bar y los chicos quieren repasar una vez más algunas canciones para que salgan a la perfección. Si hay que despedirse, mejor despedirse a lo grande.
EL DESPUÉS
Estamos en el camarín de "Bisellia" en la previa del último show. Hay cervezas, fernet, empanadas fritas y una guitarra acústica apoyada en una silla para que la agarre el que se anime. Los presentadores, Ezequiel y Agustín, ensayan y recorren los pasillos nerviosos. Ellos son los primeros en subir. El resto intenta mantener la calma. Aunque hay un clima de ansiedad generalizada, sobran los chistes y las anécdotas.
"Noche de Solistas" es más que nada un grupo de amigos. Por eso tal vez no sorprende que, aunque se separen, sigan compartiendo encuentros y asados. "Todos los fines de año los festejamos juntos", le comenta Augusto Pérez Thomsen a Rodrigo Soler, el invitado de honor de la fecha. Existe una relación de amor y admiración entre los músicos de "NDS" que es difícil de encontrar en otras bandas. Seguramente por eso es que aunque todos tratan de sobreponerse, la tristeza también está presente en la habitación.
El show está pensado en dos partes. Una primera acústica, en la que los músicos cantan sin acompañamientos sus canciones, y el público presente disfruta sentado en mesas mientras cena. Y una segunda parte con todos en el escenario, sin mesas, bailable.
Llega la hora pautada. Ezequiel y Agustín trasmutan en dos periodistas deportivos que comentan al público las dudas y los rumores que sobrevuelan sobre el último partido del equipo "NDS". Comienza el show.
El bar está completo, ya no quedan mesas libres y en la segunda parte serán todavía más los presentes. Cada uno pasa por el escenario dejando su marca. Santiago se emociona al ver como el público sabe sus canciones y lo acompaña. Archoni llega a picos de intimidad para que luego "Ratola" enamore a la gente con canciones como "Morirme de amor". El último es Augusto, quien hace subir a los chicos al escenario para cantar algunas canciones en clave rocker soltándose el pelo y abriéndose la camisa.
Finalizada la primera parte, es el turno de Rodrigo Soler, solista invitado de CABA. Conoció a los "NDS" en las primeras juntadas. La anécdota es graciosa: Rodrigo pensó que el bar del Plaza Italia se refería a la plaza del mismo nombre ubicada en el barrio de Palermo. Enterado de su error, apareció en Campana meses después para entablar una amistad con los músicos que sigue hasta hoy.
Las mesas ya no están y el público no deja rincón vacío. Rodrigo canta junto a su teclado, lo acompaña toda la banda de "NDS". Sus canciones tienen reminiscencias a las rimas de Calamaro y los estribillos de Fito Páez, letras dedicadas al amor y al desamor. "NDS" termina la noche con baile y fiesta, el público efervescente canta, corea. No hay edades que definan a los seguidores, lo heterogéneo se vuelve a encontrar en el baile y la alegría. Todo termina con "Como punkies en bicicleta", la canción que abrió el proyecto es la canción que cierra la noche.
La emoción es tal que varios se largan en lágrimas. Un Bisellia colmado despide un proyecto que supo emocionar en una formación atípica, multifacética. Tal vez la mejor cualidad de "NDS" fue contagiar a la gente que los seguía con la naturalidad propia de la amistad haciéndolos sentir parte del grupo que la pasaba tan bien arriba del escenario. Un último abrazo, ya en el camarín, pone la piel de gallina a cualquiera con un mínimo de empatía. Supieron tocar el cielo por un momento y también supieron cuando era el momento en el que había que bajarse.
Además de un grupo musical, “Noche de Solistas" es más que nada un grupo de amigos.



