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domingo, 04/oct/2026 - 06:15
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 22/jul/2018 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Desequilibrio
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

La expectativa que genera tanto el proyecto de la avenida Rocca, como el desarrollo de la avenida Rivadavia extra urbana, y la propuesta de una recuperación de la costanera manifiestan una voluntad de invertir en consolidar un eje urbano central de un alto valor histórico, anecdótico y de la mayor variedad de circunstancias urbanas.

Más allá del debate que genere la especulación inmobiliaria subyacente o las condiciones particulares del proyecto en tanto la multiplicidad de usos variados que implica, la propuesta pone sobre la mesa una circunstancia largamente postergada en el imaginario local. El eje central de la ciudad, el antiguo camino Real, que finalmente terminaba en el incipiente puerto local, posteriormente cortado por el ferrocarril, es indudablemente el corazón de nuestro desarrollo urbano. Esta política de obras que ha encarado el gobierno local al amparo del apoyo financiero del poder central, aparte de ser un avance en la política de obras postergadas, pone sobre la mesa algunas cuestiones no menores que debieran al menos ocupar el espacio de debate en el Concejo urbano ambiental. Los aspectos de este desequilibrio son muchos y quizás daría para un largo periplo expositivo.

Quiero concentrarme en uno por vez para desagregar este tema de múltiples facetas. Gran parte de este desarrollo urbano esta concentrado en la recuperación del dominio peatonal. Ya la primera prueba esta a la vista. Lo que se puede inferir del proyecto de revalorización y refuncionalizacion de la avenida Rocca y lo que en algún momento trascendió de la ocupación futura de la costanera, ponen de manifiesto la intención de multiplicar el dominio peatonal. Sin embargo no estamos dando el debate en paralelo respecto de la presión ejercida sobre la inversión privada en lo atinente a las cocheras. Por un lado excluimos al automóvil de los ámbitos de movimiento central y por otro le cargamos a la inversión privada la responsabilidad de subordinar espacios habitables para depositar autos. El capítulo del código que obliga a cada unidad funcional a tener una cochera implica que en los casos más simples, comunes y recurrentes en este mercado actual donde una familia pretende resolverle la cuestión habitacional a su hijo construyéndole un departamento en la planta alta, se ve obligado a demoler el living de su casa para dar cumplimiento a la obligación de tener una cochera para ese departamento. Es decir que mientras en un sector urbano privilegiamos al hombre como medida de todas las obras, en otro sector que es del ámbito individual y privado presionamos para que el centro de todo el proyecto sean las cocheras y no el espacio habitable que resuelve finalmente las necesidades humanas por sobre la guarda de vehículos.

Así como en la altura edilicia, a través del debate en el Concejo urbano se tuvo que reconocer que la reforma del código de Planeamiento llevada adelante en el periodo anterior no tenía ningún fundamento más allá de frenar la inversión edilicia, sin un análisis profundo del perfil urbano deseado, y esto obligo a volver atrás al liberar las alturas en zonas céntricas de la ciudad, también debiera reconocerse que la imposición de obligar a una cochera por unidad funcional es una limitación que al menos debiera tener una escala de aplicación, allí donde la cantidad de unidades funcionales pudiera realmente tener un impacto significativo en el ámbito urbano.

Me asombra que no se este tomando este tema con la debida seriedad que exige, ya que en los hechos, sin el respaldo de ninguna ordenanza que los apoye, no se esta exigiendo la aplicación de esta imposición, en la zona de la avenida Rocca en los locales comerciales que según esta ridícula ordenanza debieran tener una cochera por frente comercial. Imaginemos esta remodelación de la avenida de carácter fuertemente peatonal llena de cocheras a razón de no menos de 10 por cuadra en función de todos los frentes comerciales existentes. Quien propuso esta ordenanza no pensó ni remotamente en lo delirante de la propuesta ni en lo impracticable de su materialización, ni mucho menos en lo imposible desde el punto de vista funcional. Ir a comprar una cacerola a un bazar y estacionar en una cochera que ese bazar debe disponer para el cliente temporario, es como reforzar esa idea que flota en nuestro imaginario que tenemos que acceder con el auto hasta prácticamente adentro del local a donde pretendemos llegar. Un desequilibrio que nada tiene que ver con la recuperación peatonal de una avenida. Rara Psicologia local ya que cuando vamos a Capital o a otro destino entendemos que debemos estacionar donde se puede y caminamos infinitas cuadras hasta llegar a nuestro destino.

Me pregunto como fue que llegamos a aprobar esta ordenanza que ya ha demostrado sus fallas y que aun hoy tenemos que rogar que se revise. ¿Mejora realmente la vida de la gente subordinar espacios habitables para guardar autos? Presumo que no estamos interpretando que la evolución de la inversión edilicia depende de que facilitemos las cuestiones reglamentarias para promover un desarrollo que entre otras cosas también es un factor de consolidación económica urbana.

Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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