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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 30/jun/2018 de La Auténtica Defensa.

Claves para hidratarse también en invierno




Si en verano la ingesta de agua previene golpes de calor y peligrosas deshidrataciones, en invierno, beber en cantidad suficiente evita la retención de líquidos y ayuda a la buena circulación de la sangre, más presionada por calefacciones y ropas ajustadas. Hidratarse es responder a la sed y atender la necesidad de líquidos en función de las circunstancias y la edad.

Beber agua es el mejor hábito para evitar retenciones de líquidos e hinchazones de tobillos, sometidos a la presión de botas y calcetines. Además, las bajas temperaturas, si bien parecen esquivar la sed de bebidas frescas, invitan a beber infusiones calientes. Todo suma para una buena hidratación, también en invierno.

Agua del tiempo en las cinco comidas

A más ingesta de agua, mejor se diluyen las sales y más fácil se eliminan. Esto significa que se retienen menos líquidos, una circunstancia que mejora la circulación sanguínea. Para calcular si la ingesta de agua es la adecuada, hay que sumar seis vasos de agua al día, al margen de la cantidad que se bebe en la comida y en la cena, aunque si cuesta mucho beber agua, esta también cuenta.

Para calcular si la ingesta de agua es la adecuada, hay que sumar seis vasos de agua al día

Con el agua sucede la paradoja de que, ante la falta de ingesta, se retienen líquidos. Si se respeta la máxima de beber suficiente, se evitará tener que recurrir a plantas o complementos diuréticos, salvo que se ingieran bajo prescripción facultativa. Los diuréticos tomados sin rigor estimulan la acción de las hormonas para eliminar líquidos que se acompañan de electrolitos, lo cual puede dar lugar a una descompensación hidroelectrolítica que afecte al funcionamiento normal de órganos vitales, como corazón y riñones.

Beber seis vasos de agua al día sin esperar a tener sed y al margen del agua que se tome en las comidas. No hay que olvidar el primero de la mañana, terminado el desayuno, que ayuda a eliminar los fluidos acumulados durante el sueño. El último del día, antes de acostarse, hidrata el organismo por la noche.

Limitar la sal de los caldos, sopas y cremas. También los potajes pueden realizarse bajos en grasa y en sal, con algunas medidas que no atacan al sabor ni alteran la textura y, sin embargo, reducen valor calórico y evitan la retención de líquidos provocada por el abuso de sodio.

Acompañar las frutas de invierno con toques de color como gelatinas y zumos de naranja y otros cítricos, estimula el paladar y multiplica la hidratación.

La última clave para tener el cuerpo invernal dispuesto a hacer frente a las inclemencias del frío es ser consciente de que, con la ingesta correcta de líquidos, se ayuda a la hidratación de la piel, en especial la más fina, que se expone al aire. Estar bien hidratado no sustituye a los guantes, al gorro o al cacao, pero beber agua, sopas o infusiones, limitar la sal y aprovechar las frutas invernales, ricas en vitamina C, es la mejor fórmula para que los dedos, las orejas y los labios recuperen el calor y la turgencia de manera correcta, lo que evita heridas, sabañones y pupas



 
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