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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 27/jun/2018 de La Auténtica Defensa.

Te hago el cuento:
Todos somos de alguna manera "herejes"
Por Marisa Mansilla






Marisa Mansilla

Leonardo Padura es un escritor que se hizo popular y reconocido más allá de las fronteras de su Cuba natal por sus novelas policiales cuyo personaje protagónico, el teniente e investigador de la policía Mario Conde, resuelve trabajosa pero exitosamente los crímenes que se cometen en La Habana ("Pasado Perfecto", "Vientos de cuaresma", "Máscaras" y "Paisaje de otoño", que luego con guión cinematográfico suyo y de su mujer Lucía López Coll se filmarán en el 2016 para Netflix, que las presentará como la miniserie "Cuatro estaciones en La Habana" con la actuación de Jorge Perugorría).

Pero la obra por la que gana el premio "Libro del año" de los libreros madrileños, el de la Crítica en Cuba, otros en Italia y Francia y el Nacional de Literatura de Cuba en el 2012 es "El hombre que amaba a los perros": una magnífica y grandiosa novela histórica con un soporte formal de investigación impresionante. Reunir el género que lo había hecho visible ante un vasto lectorado como el policial negro y la novela histórica con su obligada meticulosidad y precisión en la recolección y manejo de datos es uno de los méritos de su narrativa, y su novela "Herejes" del año 2013, es heredera de la línea ya consagratoria de Padura.

La novela se inicia con una nota del autor, una dedicatoria y pequeños textos (epígrafes y otros elementos paratextuales) que ubican al lector en el sentido de la palabra "herejes" y plantean la búsqueda de la libertad creativa del artista así como también la relación entre el hombre y Dios. Está dividida en tres libros (de Daniel, de Elías y de Judith) y un Génesis, que en este caso, no abre sino cierra el relato. Los tiempos y los lugares donde transcurre la acción narrativa son diversos La Habana, Miami, Ámsterdam desde mediados del siglo XVII hasta el año 2008 y a veces el relato convierte al lector en un viajero vertiginoso por el tiempo y el espacio siguiendo febrilmente una historia tan sobrecogedora como atrapante.

ANTISEMITISMO Y MUCHO MÁS

La historia que narra el Libro de Daniel arranca en 1939 cuando Daniel Kaminsky y su tío Joseph, emigrados de Cracovia se van duramente aclimatando a la tan diferente vida habanera en la espera del padre de Daniel, Isaías Kaminsky, su madre y su pequeña hermanita que viajaban en el buque S.S. Saint Louis junto con otros 934 judíos más, que buscaban refugio en La Habana frente al creciente antisemitismo nazi. Refugio que finalmente les fuera negado por las corruptas autoridades cubanas que les impiden desembarcar condenándolos a un seguro exterminio.

Es imposible ir desbrozando en esta columna toda la historia de una trama compleja, con más de 60 personajes que se van encontrando y desencontrando en tiempos y circunstancias muy diversas, pero si algo de la maestría narrativa de Padura me gustaría aquí mostrar es cómo describe dos ambientes sociales y culturales tan diferentes como La Habana y su judería y el barrio judío y posterior ghetto de Cracovia : "Varios años le tomaría a Daniel Kaminsky llegar a aclimatarse a los ruidos exultantes de una ciudad que se levantaba sobre la más desembozada algarabía. Muy pronto había descubierto que allí todo se trataba y se resolvía a gritos, todo rechinaba por el óxido y la humedad, los autos avanzaban entre explosiones y ronquidos de motores o largos bramidos de claxon, los perros ladraban con o sin motivo y los gallos cantaban incluso a medianoche, mientras cada vendedor se anunciaba con un pito, una campana, una trompeta, un silbido, una matraca, un caramillo, una copla bien timbrada o un simple alarido. Había encallado en una ciudad en la que, para colmo, cada noche, a las nueve en punto, retumbaba un cañonazo sin que hubiese guerra declarada ni murallas para cerrar y donde siempre, siempre, en épocas de bonanza y en momentos de aprieto, alguien oía música y, además, la cantaba’.

"En sus primeros tiempos habaneros, muchas veces el niño trataría de evocar tanto como le permitía su mente apenas poblada de recuerdos, los pastosos silencios del barrio de los judíos burgueses de Cracovia en donde había nacido y vivido sus primeros años."

Lo habitual del ruido y el bullicio americano frente al silencio y oscuridad del ghetto nos recuerdan a "lo real maravilloso americano" de otro cubano Alejo Carpentier, igualmente preciosista en sus descripciones. América es tan real como se muestra, pero resulta exótica, exuberante, estridente y maravillosa ante los ojos del europeo que viene de otra geografía y otra cultura. América es desmesurada y variopinta hasta en el lenguaje y si hay silencio callejero es porque se respira alguna amenaza social o peligro inminente, en tanto que en Polonia el silencio era lo habitual y un vocerío excesivo era signo de peligro o bien de día de mercado callejero. En el año 2007, Mario Conde ya retirado de la policía desde hacía más de veinte años se prepara para ir a "anunciar a voz en cuello como un tratante medieval" los libros viejos y usados que vendía. Su anuncio era un "vociferante anuncio callejero" y "llevaba sus gritos" de un barrio a otro para poder vivir. El bullicio callejero era constitutivo de La Habana y atravesaba tiempos. Su socio comercial "Yoyi el Palomo" era un hombre joven con "un desaforado instinto mercantil", "un nuevo Hombre Nuevo" adaptado a las implicaciones sociales y políticas de la post-revolución y ubicado en la línea delgada entre la legalidad y la ilegalidad en un mundo en que se habían desmoronado las utopías y todo estaba en descomposición. En ese estado lo encuentra Elías Kaminsky, hijo de Daniel ( aquel niño que no pudo en 1939 reencontrarse con sus padres en La Habana, a causa de no habérseles permitido desembarcar del St. Louis), que le encarga la búsqueda de un cuadro de Rembrandt que había pertenecido a su familia y que había sido traído a La Habana por ellos como pago por su salvación pero que sin lograrlo se encontró por años perdido y en ese momento, en una casa de subastas en Londres, para ser vendido. Conde se dejará tentar por este desafío, indagará genealogías, posturas filosóficas y religiosas, lecturas, pintura, música y cine, seguirá pistas y entrevistará a los más disímiles personajes, incluidos los "emos" de las tribus urbanas de los años ’90, pensará que ha fracasado para luego poder volver a reunir los elementos que iluminarán su investigación hasta llegar a un final exitoso, si es que se puede llamar "exitoso" a los finales que refieren historias de la humanidad tan dolorosas y crueles como las que se han vivido, algunas de las cuales narra la novela. Conde coincide final y nietzscheanamente con uno de sus últimos personajes, ‘Judy’ Torres: "…si Dios se murió, si ya no hay nada en qué creer ni mesías que seguir" quizás lo único que en realidad le pertenece al hombre sea la libertad de poder elegir qué hacer con su vida. "Herejes" en definitiva somos todos en algún momento de nuestras vidas. Y es asimismo un policial negro y una novela histórica con condimentos de novela del camino y de formación pero es también una novela con planteamientos filosóficos profundos que merece ser leída tanto por los ya fans de Padura, así como por todos los demás también.

Marisa Mansilla/ Taller Álgebra y Fuego - marisamansilla2000@yahoo.com.ar


 
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