Se tiende a pensar a la infancia, y sobre todo la primera infancia, como una etapa de indefensión absoluta. En la cual los adultos que rodean al niño deben colmar todas sus necesidades y protegerlo llegando al punto, a veces, de no permitirle desplegar su potencial. La sobreprotección que se prac-tica como un gesto del mas puro amor, termina resultando perjudicial para ese niño que esta centan-do las bases de su personalidad. Cuando un adulto hace algo por él que podría hacer solo, solo le muestra que no puede y que hay otro que lo hace mejor.
Los niños y niñas pueden hacer muchas cosas solos cuando se les proporciona un entorno adecuado y la posibilidad de hacerlo. Para esto es necesario organizar el hogar de una manera que les permita participar en actividades cotidianas, que los involucre a ellos y a la toda la familia. Por ejemplo: Colocar percheros a su altura en la habitación, para que puedan colgar sus abrigos cuando lleguen de la calle, o la mochila cuando vienen del jardín. En el baño puede haber un banquito o algún objeto que les permita elevarse para lavarse las manos o los dientes. Permitirle colaborar con actividades que incumben a toda la familia como regar las plantas, juntar hojas, llevar la ropa sucia al lavadero, ayudar a poner la mesa para la comida, etc. Para ello el ambiente y las herramientas que vaya a manipular deberán estar acondicionadas a sus características físicas.
Es muy difícil aprender cuando otra persona hace las cosas todo el tiempo por vos. En la niñez el deseo de aprendiaje y el sentimiento de "yo puedo" son profundamente genuinos. Esas ansias si son sofocadas por los adultos, pueden acabar por extinguirse. Muchas veces se interviene por querer evitar la frustración de no poder hacerlo por sí solo, como una expresión de amor. Pero en lugar de hacer eso, cuando sientas que no puede, guiálo con indicaciones claras y concisas o preguntale si quiere que lo ayudes. Lograrás que se conozca a sí mismo, que sea consciente de sus capacidades y que sepa que vas a estar en los momentos en los que te necesite.
Cuando elijas la ropa para comprarle, que sea cómoda al punto de que le posibilite vestirse solo. Un niño esta capacitado desde los 3 años para poder hacerlo, si se lo acompaña en el proceso. Esto no implica que el adulto desaparezca de la escena, sino que lo acompañe, que este allí para cuando él necesite ayuda, pero siempre respetando su espacio y su capacidad. La doctora Maria Montessori decía "Nunca ayudes a un niño con una tarea en la que siente que puede tener éxito".
Ser independiente desde pequeño, es una de las herramientas más poderosas que podemos darles a los niños. Y digo darles porque depende de nosotros, los adultos que los rodean, qué tan indepen-diente puede llegar a ser.
Vargas Ivana Cecilia / Lic. en Ciencias de la Educación Psicopedagoga
Imagen ilustrativa, selección del editor



