Es increíble como los escenarios cambian en este país con una velocidad que obliga a una reacción extremadamente ágil. En el mes de marzo, recuerdo que se produjo un encuentro ministerial sindical donde Dietrich, informó y acordó con Gerardo Martínez de UOCRA, el esquema de inversión del orden de los seis mil millones en obras viales. La mesa que formaba parte de una serie de encuentros intersectoriales para hacer seguimiento al Plan de Infraestructura por el cual se estaban ejecutando obras de mejoras en 12.000 km de rutas; obras de modernización en 22 aeropuertos del país; la renovación de 571 km de vías del Belgrano Cargas en el Norte del país; el soterramiento del Sarmiento; los viaductos de los trenes San Martín, Belgrano Sur y Mitre; la renovación de 50 estaciones de tren; entre otras.
Todas obras que impulsaron que el primer bimestre del 2018 superara en un 25% al del año 2017, que fue año record en el consumo histórico de insumos de construcción vial argentino. En los primeros dos meses de 2018 se consumieron 102.566 toneladas de asfalto vial y el consumo de cemento de enero fue el mejor enero de la historia.
El mismo Martínez declaró: "Esto es real, esto no es relato. Estamos viendo un panorama de sustentabilidad que no veíamos hace mucho. Hubo pico de empleo y por eso estamos muy contentos; el trabajo dignifica y eso es lo que queremos para nuestros afilados".
Por su parte, Gustavo Weiss, presidente de la Cámara Argentina de la construcción, expresó "la actividad está en plena expansión. Estamos con récord de empleados, de asfalto, de cemento, de piedra. Tenemos grandes expectativas para este año, vemos que los niveles de inversión con la novedad de las Propiedades Publico Privadas (PPP) van a ser cuasi explosivos".
Pero llegó el tema infaltable en nuestro devenir cíclico del dólar y su movimiento inquietante. Esto puso el eje en otro lado. La construcción privada. Los inevitables frenos a la inversión en obra pública derivados de los ajustes estatales para resolver las cuentas públicas implican una ralentizacion de ese panorama optimista del sector vial y la construcción pública, pero abren un escenario para el sector privado atomizado en obras domésticas.
Los informes de las cámaras de la construcción privada de distintos centros del país coinciden en reconocer al menos 3 aspectos coyunturales favorables. El primero que un dólar de 25 pesos mejora la rentabilidad del sector, el segundo que ese valor no se traslada directamente a todos los costos, y el tercero que la desconfianza en el sector financiero traslade las inversiones a los activos físicos dinamizando la construcción.
La construcción está muy habituada a los movimientos pendulares ya que los procesos son largos y en general se empiezan en un contexto y se terminan en otro que a veces beneficia y otras no tanto. En todas las crisis la inversión inmobiliaria ha sido sinónimo de resguardo de valor y destino de todos los excedentes y ahorros de ciertos sectores de la sociedad.
Volcar el dinero a ladrillos fue siempre una forma encubierta de comprar dólares genuinos ya que la capitalización de inversiones en pesos para pagar mano de obra y materiales vuelve al momento de las ventas en dólares porque el mercado inmobiliario comercializa históricamente en dólares. En el proceso de creación de valor de los activos físicos se movilizan innumerables rubros de producción, mano de obra y comercializadores locales.
La construcción privada de pequeña escala aparte de los créditos hipotecarios, necesita de incentivos más locales como por ejemplo la flexibilización de las reglamentaciones a veces distantes de la realidad y otras sin objetivos claros en cuanto a las ventajas urbanísticas. La dinamización de los trámites burocráticos y la velocidad de reacción del sector público para apoyar esta coyuntura resultan centrales en este momento, sobre todo a la luz de la circunstancia de recorte de gastos públicos que habrá de significar una disminución en el ritmo de la obra pública.
El futuro desafío del Concejo urbano tiene que reconocer este escenario y construir una agenda basada en la modificación de las restricciones locales que sin correlato en las leyes provinciales de uso del suelo imponen limitaciones inconducentes y solo castigan el desarrollo en este momento especial.
Por Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



