Desde chicos hemos escuchado la frase que dice: "a buen entendedor pocas palabras bastan". Esto se verifica de manera notable cuando se menciona FMI o stand-by, sin que haga falta mayores explicaciones, salvo que quien escucha no tenga la edad suficiente y esto es así porque los argentinos hemos sufrido por mucho tiempo las nefastas consecuencias de las políticas que el Fondo impone en detrimento de la calidad de vida de las grandes mayorías y enormes ganancias para los más ricos.
El gobierno, que es tan afecto a las encuestas, ve que la gran mayoría de los argentinos se opone al acuerdo desesperadamente buscado. Ante este rechazo, trata de hacernos creer que el Fondo Monetario Internacional cambió. Ahora es más bueno que el abuelo de Heidi, tomándonos una vez más, de tontos. Sin embargo el marketing político es hasta contraproducente cuando choca con la realidad.
En un alarde de imaginación, los "genios" de Cambiemos convocaron a un Gran Acuerdo Nacional (GAN) con la idea de lograr el aval de la oposición ante esta nueva claudicación de nuestra soberanía, pero hasta ahora corre la misma suerte que su homónimo que promoviera el dictador Alejandro Agustín Lanusse en 1971, o sea el más rotundo fracaso.
Como ya es habitual, la delirante y pertinaz defensora de Mauricio Macri, la Diputada a tiempo parcial Lilita Carrió, en declaraciones televisivas, llegó a acusar a la Unión Industrial Argentina (UIA) de golpista por ser la promotora de la corrida cambiaria que se pudo parar gracias a la "ayuda" del FMI. Ya cansa con su manía de culpar a otros de las consecuencias que el mismo gobierno provoca y de su gigantesco ego que la lleva a auto elogiarse como la gran analítica política sin que haya podido demostrarlo alguna vez. ¿No es hora de que ciertos sectores dejen de creerle y de que los medios concentrados dejen de promocionarla?
Lo cierto es que estas crisis periódicas se deben al gran déficit de la balanza comercial con el exterior y que este gobierno acrecentó al liberar los controles cambiarios incentivando la fuga de capitales y permitiendo a los exportadores de cereales mantener fuera de nuestro país los dólares cobrados. Este es el principal motivo de que esta brecha se deba cubrir con préstamos externos ya que la Argentina no puede imprimir dólares. Esta política de endeudamiento dura hasta que los prestamistas llamados por algunos mercados y que en el barrio son conocidos como usureros dejen de prestarnos. Esta situación llegó mucho antes de lo esperado y se dio hace pocos días cuando le negaron nuevos préstamos al promocionado astro de las finanzas Toto Caputo. Esto obligó al Poder Ejecutivo a pedirle la escupidera al Fondo Monetario Internacional (FMI).
Como es previsible se vienen nuevos y más feroces ajustes en contra de las grandes mayorías que provocarán un aumento de la protesta social en cantidad de participantes, ante esta certeza el gobierno ha tomada la decisión de reprimirla violentamente, tal como lo demostró en el conflicto con los trabajadores de subterráneos que piden paritarias para poder discutir salarios.
Todo indica que los argentinos están dispuesto a pelear por su dignidad tal como lo demostró la multitudinaria Marcha Blanca de los docentes.



