El sicario Diego Matías Arévalo es un hombre de suerte. Luego de haber acribillado a Pedro Macha Pazos por un ajuste de cuentas entre narcos en las afueras de Puerto Madryn, en el marco de lo que se conoce como Operativo Arenas Blancas, la jueza Patricia Susana Asaro le otorgó permiso para una sesión de psicoterapia por semana y otra horita para ir al gimnasio, alimentación adecuada y profesionales especializados. Como el detenido es obeso, se considera que son recomendables los controles médicos a cada seis meses, ya que puede tener complicaciones cardiovasculares y metabólicas en el futuro. Hoy no las presenta, pero nada mejor que la medicina preventiva, ya lo dijo el magistrado Zaffaroni, de quién ciertamente la jueza Patricia es gran admiradora. Cuando Diego disparó a sangre fría a Pazos y huyó en su camioneta el 16 de enero del año pasado, debió haber sufrido un trauma terrible, razón por la cuál es trasladado semanalmente por un patrullero y tres policías y un psicólogo cobra sus honorarios, pagados por la comunidad, para que su salud mental no empeore.
Esta es la rutina de un preso común en nuestro país. Yo me pregunto ¿ cuántas veces usted , fiel lector, asistió al psicólogo éste mes para curar sus traumas? Alguien se ocupa de su glucemia y colesterol como lo hace la jueza con apellido de perfume francés y éste pobre hombre ? Hace cuánto no va ud al gimnasio para tratar de vencer su sedentarismo?
La pregunta que flota en el aire es ¿sus privilegios se dan por ser un preso narco o todos los condenados tienen estadía cinco estrellas en las cárceles del territorio nacional? y a los jueces, quién los controla? Serán los dueños secretos de la Argentina?
El que sepa contestarme no se prive de hacerlo.
Fabiana Daversa
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