Buenos Aires (Especial de NA por Martín Hermida) -- Las elecciones generales de octubre próximo en los Estados Unidos, que hasta el momento aparecen enmarcadas en un escenario reñido al máximo y con más dudas que certezas, no sólo definirán si George
Bush hijo seguirá cuatro años más en la Casa Blanca o tendrá que hacer las valijas, sino que también podrían marcar cambios en la relación del país del Norte con Argentina y el resto de América Latina.
Frente a esa expectativa, y ante las encuestas que muestran una paridad similar a la que se dio en los comicios del año 2000, surge inevitablemente la pregunta: ¿Qué le convendría a la Argentina? ¿La continuidad de un gobierno republicano o la irrupción en el poder de los demócratas, de la mano de John Kerry?.
Analistas, funcionarios y diplomáticos consultados por NA parecen ponerse de acuerdo en un punto: hay determinados aspectos que en los Estados Unidos tienen un carácter de política de Estado y por más cambios que haya en la Casa Blanca será muy difícil que quienes gobiernen modifiquen sus posturas.
Por ejemplo, en el controvertido tema de los subsidios agropecuarios, que traban un ingreso mayor al mercado norteamericano de productos de la Argentina y del resto del Mercosur.
Específicamente sobre ese punto, Mark Krischik, consejero de asuntos informativos y culturales de la Embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires, admitió ante NA que en plena campaña electoral ni el presidente Bush ni su oponente demócrata se animarían a tratar esa cuestión.
¨Se han perdido elecciones estatales por eso, y ninguno se animaría a anunciar rebajas o eliminaciones de subsidios, porque saben bien lo que significaría para los granjeros¨, aseguró.
A diferencia de ello, sí podrían avizorarse cambios en mayor o menor grado en la política exterior norteamericana -particularmente en el tema Irak y en la relación con América latina- dependiendo del escenario que se plantee en octubre: una victoria reñida de Bush lo obligaría a operar ciertas modificaciones, una victoria clara lo llevaría, por el contrario, a profundizar su línea, mientras que una derrota implicaría ¨un cambio sustantivo¨, según las fuentes consultadas.
Hoy en día -especialmente con más fuerza desde los atentados de septiembre de 2001 y las aventuras bélicas en Afganistán e Irak- la Argentina en particular y América latina en general no son una prioridad para los Estados Unidos; precisamente al tope de la lista figuran la cuestión iraquí, convertida en las últimas semanas en un verdadero dolor de cabeza, Medio Oriente y todo lo relacionado con la lucha contra el terrorismo.
¿Podría tener, entonces, el triunfo de uno u otro candidato implicancias directas para esta parte del mundo, en especial en algunos temas candentes como por ejemplo las demoradas discusiones por el ALCA, el Area de Libre Comercio de las Américas?.
Los expertos aseguran que por el momento es difícil que haya cambios o avances sustanciales en las negociaciones, al menos hasta que Brasil y los Estados Unidos -justamente los actuales co-presidentes del ALCA- se pongan de acuerdo y dejen sentada su disposición a poner en negro sobre blanco ciertos compromisos.
El ex embajador argentino en los Estados Unidos Diego Guelar señaló a NA que, a su entender, ¨hoy en día no hay ninguna chance¨ de llegar a implementar el ALCA el primero de enero de 2005, tal como se ha establecido.
¨Finalmente va a haber acuerdo y el Mercosur va a firmar cuando Brasil decida firmar, pero es difícil que eso suceda en los plazos estipulados¨, aseguró.
Actualmente, para el ex embajador en Washington, lo que se está conformando es una especie de ¨rompecabezas¨ donde conviven una serie de acuerdos comerciales bilaterales o multilaterales (especialmente de Estados Unidos con alguna o algunas naciones del continente) y nada más que eso.
A su vez, Krischik dijo al ser consultado sobre las negociaciones en busca de este acuerdo continental: ¨Hubo progresos sorprendentes, incluso mayores a lo que se había esperado en un principio, pero es verdad que en este tramo han aparecido problemas¨.
Claro que sin obviar esas dificultades, el funcionario expresó la línea de pensamiento del gobierno de Bush: ¨No se perdieron el optimismo y el empuje; ahora la tarea pasa por convencer a todos los países del continente de la necesidad de llegar a un acuerdo¨.
Está más que claro que una victoria cómoda de Bush -un escenario considerado difícil por todos los sondeos de opinión- le permitiría al gobierno republicano profundizar en la línea del ¨unilateralismo¨.
Lo opuesto ocurriría con una victoria demócrata, aunque a este sector se lo emparenta siempre con un mayor proteccionismo y un oído más atento a los reclamos de Wall Street, un tema sensible teniendo en cuenta que Argentina aún debe resolver su grave problema con los acreedores privados de la deuda en default.
Para Guelar, cada uno de los candidatos y cada uno de los partidos podrá tener diferentes posturas ante cada tema en particular, y por lo tanto es ¨un mito¨ decir que a la Argentina o al resto del continente le puede ¨convenir¨ la victoria electoral de uno u otro.
Lo cierto, sí, es que la relación de la Argentina y sus vecinos más cercanos con los Estados Unidos en los próximos años estarán marcadas por el cariz que tomen los conflictos internacionales en que están involucrados los norteamericanos y en consecuencia el poco o mucho apunte que le den a América Latina.
Por lo pronto, se avecinan unos meses en los cuales -en la opinión de los propios funcionarios estadounidenses- se desarrollará una ¨campaña caliente¨, mientras que ¨la pelea por los últimos centavitos puede llegar a ser más amarga que nunca¨.



