"No es bueno que el hombre esté solo", entonces Dios creó a la mujer para que lo acompañe…
Caminamos por la vida y entre otras cosas, olvidamos penas, cosas que no salieron bien, cosas que salieron como salieron porque el destino así lo quiso (eso…es lo que necesitamos creer que "el destino lo quiso") para sacarnos un poco la culpa que llevamos a cuestas por no haber sabido elegir en "su momento" lo que nos podría traer felicidad, la verdadera, la que nos hace bien.
…Y tapamos con cosas, con gente, con trabajos nuestras impotencias, toda la soledad.
Qué mala consejera es la soledad! A veces nos hace "apegar" a alguien al cual lo hacemos depositario de todas nuestras carencias (sobre todo afectivas) como si le dijéramos: -"hacéte cargo de lo que yo no puedo". Y así entramos en una tela de araña de la cual a veces no podemos salir y cuando queremos…ya es demasiado tarde.
Sabemos que estamos entrando en la vida de alguien pero no por el camino indicado, pero cuando ya entramos, nos acomodamos, nos adaptamos, nos conformamos y nos quedamos aunque no haya amor, ni emociones, ni verdad, pero así no estamos solos (o por lo menos eso creemos).
…Y los días pasan, todos iguales. Hacemos las mismas cosas, el mismo trabajo, decimos las mismas palabras, hacemos los mismos gestos y caminamos mirando el suelo creyendo que encontraremos en algún lado la felicidad que no supimos buscar antes.
Así volvemos a intentar no recordar aquel camino equivocado, aquel destino frustrado que nos toca vivir.
Todo fue así porque estaba escrito, porque tenía que ser…no pensamos que nos tocó porque quizás (inconcientemente) lo buscamos.
Pasan los años, seguimos aceptando, mal o bien, nuestros días, sin cuestionarnos nada.
Rodeados de gente, de afectos, pero solos, solos hasta lo mas profundo de nuestra alma.
Olvidamos allí, en un rincón de nuestra vida, nuestro propio ser, y damos a los demás lo que no tenemos, pedimos aquello que no supimos dar, lloramos por lo que no quisimos tener.
…Pero ahí, en un rinconcito de nuestra mente y de nuestro corazón, una voz nos grita: "Sé feliz"!
Y por un segundo lo escuchamos y miramos para todos lados buscando la felicidad. Golpeamos todas las puertas para hallarla y olvidamos por una vez: la culpa, el camino errado, la rutina, el "no amor", los sinsabores, los renunciamientos y elegimos no solo escuchar esa voz, sino hacerle caso.
Siempre va a haber alguien en algún lugar que espera amarnos como somos, con todo lo bueno y lo malo, que espera aceptarnos así sin querer cambiarnos, que nos abra el corazón y los brazos llenos de calor, con una mano extendida y su alma desnuda.
Y elegimos esta vez unir nuestra alma a ese alguien ya no por soledad sino porque a través del otro nos vamos conociendo y conocemos el verdadero amor: ese que nos hace acelerar el corazón, enrojecer nuestras mejillas, brillar nuestra mirada, sin olvidar el diálogo, sin olvidar la razón.
Y por primera vez sabemos lo que es compartir, comunicarse con la mente, con la palabra, con el cuerpo entonces saltamos de alegría porque cuando ya no creíamos en el amor y estábamos acostumbrados a ser desdichados, el tan esperado..llega. Nos entregamos por primera vez en tantos años de soledad "acompañada", nos entregamos en cuerpo y alma porque pudimos mirarnos en un espejo, en ese espejo que lleva en el corazón la persona que amamos y nos aceptamos tal cuál éramos y pudimos decirnos "me quiero así porque así logre despertar tu amor en mí".
Pero este amor, este amor que fue la primavera en nuestra vida, llegó cuando habían pasado muchos otoños de soledad…Entonces la soledad, aquella de la cual nos habíamos hecho fiel compañera durante tantos años, no quiso abandonarnos, estiró los brazos y nos alcanzó, nos llevó otra vez a aquel mundo el de todos los días, donde no ha cambiado nada y ha cambiado todo.
1990 -Nelda Fischer -2018



