La voz de la conciencia, así se llama a esa parte de nosotros mismos que nos habla de moral, y de buenas costumbres. sobre lo que pensamos, sentimos o hacemos.
Es como un "otro yo" que propicia un diálogo interno. En ese diálogo nos advierte, recrimina, etc. Esa voz está ahí para conducirnos, por lo general, a una elección, para bien o para mal, y esta última con la consecuencia de la culpa.
La Biblia, (Rom. 2:15) mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos.
Cuando nos convertimos a Cristo, y decidimos seguir su camino nuestra conciencia se hace sensible al Espíritu de Dios. Esto es lo que quiere significar la Biblia cuando dice que: "Debemos guardar, con una conciencia limpia, las grandes verdades de la fe" (1 Timoteo 3:9).
Cuando la conciencia está pervertida y endurecida por el pecado, no es confiable. Pero cuando nacemos de Dios, nuestra conciencia es ablandada, purificada; y nuestros corazones pueden percibir entonces, la voluntad de Dios.
Con nuestra conciencia transformada, nuestros gustos y pareceres también cambian, hay cosas que en su momento parecían correctas y ahora parecen incorrectas; hay cosas que parecían necias y ahora son sabias; y cosas que parecían aburridas ahora disfrutamos con el mayor deleite.
Las "cosas viejas" pasarán, y "todas", incluyendo la conciencia, serán "hechas nuevas" (2 Corintios 5:17).
Mientras que nuestra conciencia natural buscaba las cosas que nos gratificaban, nuestra nueva conciencia buscará las cosas que son agradables a Dios. Y sabemos que eso es lo mejor para nosotros. Solo los que tienen una conciencia transformada pueden conocer la voluntad de Dios. Que se revela a través del nuevo pensamiento y de las circunstancias.
"Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito" (Romanos 8:28).
Dios tiene un plan para la vida de cada cristiano. Cada circunstancia, cada giro del destino, es para su bien. Y obra conjuntamente para hacernos completos y maduros, el plan de Dios para nosotros está siendo perfeccionado. Todas las cosas obran juntas para el bien de cada uno y la gloria de Él.
No permitamos que las circunstancias nos aflijan. Más bien, busquemos que la voluntad de Dios para nuestra vida se revele en nosotros, y a través de Él, y esas circunstancias, tengamos seguridad y paz en nuestras decisiones.
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¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! Luís Rodas
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