La rabia es una enfermedad zoonótica, es decir, una enfermedad transmitida al ser humano por los animales y mortal, causada por un virus que ataca al sistema nervioso. El virus se elimina por la saliva y se transmite generalmente a las personas y los animales a través de la mordedura de un animal infectado. En ocasiones, la rabia se puede transmitir por un rasguño o lamido de mucosas, cuando la saliva de un animal con rabia toma contacto con una herida abierta en la piel u ojos, nariz o boca de una persona o animal. Una vez que lo signos de la enfermedad aparecen, la rabia es, casi siempre, mortal.
Todos los mamíferos se pueden enfermar de rabia; en cambio, los pájaros, los peces, reptiles y anfibios no la padecen. En Argentina, los murciélagos actúan como el principal vector. Los animales domésticos más afectados son los perros y los gatos. Esto sucede porque algunos animales no están vacunados y pueden tomar contacto con animales infectados de rabia, como los murciélagos que entran a las casas.
El período de incubación de la rabia, que es el período de tiempo entre la exposición a la enfermedad y el comienzo de los signos clínicos, varía ampliamente. Normalmente consta de 3 a 8 semanas, pero puede extenderse a meses. Una vez que el virus de la rabia ingresa al cuerpo, viaja a través de los nervios al cerebro. Los animales con rabia pueden mostrar una variedad de signos como temor extremo, agresión, babeo excesivo, dificultad para tragar, tambaleo, parálisis y convulsiones.
Los animales salvajes rabiosos pierden el miedo a los seres humanos y muestran un comportamiento inusual; por ejemplo, un animal que usualmente solo se ve de noche (como puede ser un murciélago), aparece deambulando de día.
Aunque los signos más comunes de la rabia son los cambios de comportamiento y una parálisis de origen desconocido, debe ser considerada en todos los casos de enfermedad neurológica sin causa determinada. Una vez que los signos clínicos de la rabia aparecen, no hay cura para la enfermedad y puede producir la muerte si no se recibe el adecuado tratamiento profiláctico post exposición a tiempo.
La infección de rabia de un animal solo puede ser confirmada luego de su muerte, a través de la examinación microscópica del cerebro.
A nivel mundial la rabia sigue siendo un problema importante, ya que mueren aproximadamente 59.000 personas a causa de esta enfermedad por año. Casi todas estas muertes se deben a rabia transmitida por perros que tuvieron una vacunación deficiente. Se estima que el 99 % de la transmisión de rabia a los humanos es por mordedura.
La vacunación antirrábica y los programas de control animal, junto con los tratamientos correctos para las personas que han sido mordidas, han ayudado a disminuir y controlar significativamente el número de casos de rabia humana en nuestro país y en el mundo.
El método preventivo más eficaz para controlar la rabia sigue siendo la vacunación: es obligatoria y se debe comenzar a vacunar los cachorros y gatitos a partir de los 3 meses de edad. Luego se debe aplicar la vacuna 1 vez por año durante toda la vida del animal. De todas formas, el veterinario debe indicar cuando vacunar a su mascota y con qué frecuencia.
Se puede reducir la posibilidad de exposición a la rabia al evitar que las mascotas vagabundeen. La castración suele disminuir esta tendencia y previene el nacimiento de animales indeseados y que luego serán posiblemente abandonados.
Los animales salvajes no deben ser adoptados como mascotas. No solo porque es ilegal, sino porque representan una amenaza potencial de rabia.
Si llegase a ser mordido, no tema, pero no ignore la mordida. Lave la herida cuidadosamente y vigorosamente con jabón y mucha agua por lo menos por 15 minutos. Concurra inmediatamente al centro de salud más cercano. Trate de no perder de vista al animal que lo mordió, si tiene dueño, este deberá llevarlo a su veterinario o a un centro de zoonosis para efectuarle la observación antirrábica.



