Quedan aun sin definir dos ordenanzas que fueron presentadas a consideración del Consejo Urbano Ambiental. Una corresponde a la modificación de los límites de altura edilicia y otra a la modificación de un sector industrial para la creación de un polo comercial y recreativo. Sobre las alturas ya me he expresado sin agotar aún el tema.
Quiero hacer un pequeño análisis sobre la cuestión de la modificación de zonificación industrial. El eje de la Avenida Rocca-Varela-Rivadavia es la espina dorsal proyectada según el criterio de planificación urbana propuesto por el Código de Planeamiento vigente. Los sectores extra urbanos están vinculados por ese eje y la realidad que las centralidades planteadas por este corredor representan prácticamente todo el espectro de posibilidades comerciales para todos los segmentos de consumidores y la mayoría de las realidades sociales del casco urbano.
Todo parece indicar que el desarrollo futuro habría de ser una sucesión de circunstancias habita-cionales, comerciales, logísticas en el corredor ruta 6 Campana-Cardales. Al menos es una hipótesis posible. Visto así, Pensar en propuestas que compitan con esta centralidad es desvalorizarlo. Las condiciones más importantes que se expresan en este eje tienen que ver con un valor histórico del asentamiento urbano. El camino original al río dejó necesariamente su impronta.
Vivimos en una coyuntura especial donde nuestra ciudad se organiza en torno a dos ejes circulatorios muy fuertes. La ruta 9 y el corredor antes citado. Ya en anteriores oportunidades hice mención al carácter casi intraurbano que ha adquirido la ruta 9 que es utilizada por la población como una avenida de acceso rápido. Esta condición se verifica entre la rotonda de Mc Donalds y el distribuidor San Felipe vinculando barrios al sur con el casco céntrico. Mas allá de San Felipe cambia la realidad. Muchas veces se ha fabulado con la hipótesis de desplazar la traza de la ruta, pero aunque esto fuera posible alguna vez, la verdad es que este corredor vial tal cómo está hoy tiene y tendrá una proporción de carácter sobredimen-sionados para la escala intra urbana.
Históricamente las rutas representan un factor de desarrollo sobre todo en cuestiones de asentamientos productivos y comerciales y como vínculo obligado para la logística. De alguna forma esta realidad territorial tiene algunas condiciones determinantes, por ejemplo el corte que representa la ruta 6 desde el cementerio al camino del Morejón, es un abismo abrupto de un perfil diferente donde lo urbano demuestra haber prácticamente terminado. Un poco por efecto del bajo del Arroyo de la Cruz y otro poco porque la impronta histórica de los empren-dimientos de carácter industrial representan un corte con la densificación habitacional o comercial. La alternativa de repensar usos en sectores al norte que originalmente tienen zonificación industrial permitiendo usos de carácter comercial o recreativo, nos lleva al compromiso de hacer una análisis muy profundo de las variables que se ponen en juego ya que se establece de esa forma una competencia con los postulados urbanos ya expresados por la reglamentación vigente y también publicitados reiteradamente por la gestión actual donde se pretende rediseñar el tramo de avenida Rivadavia que conjuntamente con la obra de Rocca, representan una consolidación del eje principal de la actividad comercial.
Nadie esta en contra del progreso ni del crecimiento de las actividades y servicios pero la oportunidad de proponer un cambio tan representativo en zonas históricamente industriales sumado al contexto crítico de la ocupación del bajo del Arroyo cuyo nivel debe modificarse en forma extrema, en el contexto de un Comité de Cuenca que se mantiene en silencio, ponen sobre la mesa de discusión un tema que excede las posibilidades de un debate sin las correspondientes funda-mentaciones técnicas precisas y el acuerdo consensuado de muchos actores no solo locales, sino regionales. No debemos olvidar que al constituirse el comité de cuenca la autoridad del agua ha cambiado el statu quo del curso de agua reconociendo que en virtud de las crecientes experimentadas, este ha dejado de ser una vertiente de agua menor para constituirse en un potencial problema futuro.
Creo que estamos frente a la necesidad de abrir la ronda de debate con participaciones más democráticas de todas las organizaciones que tienen opinión formada sobre el Arroyo de la Cruz ya que las acciones que sobre el se ejecuten necesariamente producen un impacto territorial de proporciones considerables. Desde el punto de vista urbanístico la cuestión no es más que observar la competencia territorial de los ejes ya planteados y los proyectos que ya están en marcha en esa direccion. Quizás este sea el tema más fácil de dirimir, donde lo urbanístico esta expreso en la codificación vigente. La coyuntura más importante esta, según mi visión del tema, en la problemática ambiental y obliga a evaluar con mucho detalle qué nivel de riesgo implica seguir interviniendo sobre los bajos inundables.
Por último una disyuntiva interesante se plantea en esta propuesta de cambio de zonificación que permite formular una pregunta, ¿son todos los espacios urbanos tan versátiles que pueden aceptar proyectos productivos y por un simple cambio de oportunidad mutar a lo lúdico o consumista con la misma facilidad con la que se cambia uno de vestimenta? Nuevamente la lectura es que necesitamos definir nuestro modelo de ciudad y tener definitivamente una visión de largo plazo en las decisiones territoriales.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



