Sin duda la vida cambia para siempre después de haber vivido una tragedia o un desastre natural. No hay nada más impactante que la magnitud y el poder que tiene la naturaleza. En cuestión de minutos un edificio se puede caer, una ciudad se puede hundir y una persona que sobrevive, queda marcada para siempre. O también puede ser con una muerte muy cercana y querida.
Es por esto que se dice que después de haber pasado por momentos de adversidad o algún desastre, la persona que sobrevive, tiene la elección donde puede optar por vivir, crecer y fortalecer sus valores, ayudar a otros y agradecer el milagro de estar vivo. O bien, puede escoger hundirse, deprimirse y dejarse caer, pensando en todo lo malo y terrible que vio, sintió y pudo haber pasado.
Desafortunadamente, hundirse… no es una opción. Si uno está vivo, no solo tiene que luchar por recuperar la vida que le han vuelto a regalar, también debería de sentir una enorme gratitud por haber sobrevivido esa enorme tragedia.
Un temblor, huracán, terremoto o cualquier desastre natural que sucede, nos recuerda lo pequeños y frágiles que en realidad somos. Por más de que uno quisiera controlar todo lo que sucede en el mundo, esto es un imposible, la vida nos enseña que somos simplemente humanos, en realidad las personas somos frágiles y vulnerables.
Los desastres naturales no hacen excepciones. Arrasan con todo y con todos los que se encuentra en su camino. No importa que tan precavido uno pueda ser, cuando llega un temblor, terremoto, huracán o un tsunami, etc.… el sentimiento de miedo y de impotencia es el mismo. Y la perdida, es la misma para todos. El vacío, el despojo y el sentimiento de dolor, es igual, para uno que pierde una mansión como para el que pierde un pequeño lugar techado. Después de todo para ambos ese era su hogar y sus pertenecías.
Las lecciones que se aprenden de las crisis y en las tragedias, si bien no se disfrutan, jamás se olvidan
Las circunstancias difíciles son los momentos que ponen a prueba a cualquier persona. Son estos, los sucesos que se transforman en los mejores maestros los que fomentan el crecimiento, la renovación y la superación como ser humanos. Después de todo el pánico y el dolor confrontan hasta a la persona más valiente.
Como poder salir adelante y superar una crisis emocional después de haber pasado por un desastre natural. Lo primero que hay que pensar, es en sentir una profunda gratitud, a la vida, al destino y a Dios que le dio protección y guía.
"Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. El Señor es mi porción, dice mi alma, por lo que en él esperaré".(Lamentaciones 3:22-24)
La vida toma un nuevo sentido, más profundo, más sagrado. Uno aprende a tener más calma, más perspectiva. Aprende a ver la vida con más claridad, reconoce todo lo bueno, lo positivo y se siente agradecido por Dios y la gente que lo ayudó.
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¡Hasta la próxima semana! ¡Dios te bendiga! Luís Rodas
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