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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 25/mar/2018 de La Auténtica Defensa.

Entre la "guerra comercial" y los acuerdos de libre comercio
Por Mara Pedrazzoli




Los aranceles a la importación propuestos por Trump abrieron diferentes y variadas negociaciones entre los principales actores mundiales. En ese marco, el Mercosur y la Comunidad Económica Europea buscan llegar a un acuerdo por muchos años postergado.

¿Por qué Trump hace lo que hace? Nadie lo sabe bien en realidad. Dada la repercusión internacional de la imposición de aranceles a las importaciones siderúrgicas, cuesta creer que se trate sólo de una estrategia para contentar a su electorado pero resta ver cuál será el alcance de las medidas proteccionistas que podrían tomarse luego de este primer paso. Quienes defienden su postura no lo hacen plenamente y apuestan al tiempo de las negociaciones que se abren luego de los anuncios. Quienes se oponen, aún en territorio norteamericano, alegan el impacto que tendrá sobre los precios domésticos una posible ampliación del listado de productos a incluir en la suba de aranceles (se sabe que será bajo el aplicado a la siderurgía).

Entre el jueves y viernes pasados, cuando se conocieron precisiones de las medidas; las bolsas cayeron en todo el mundo. El 8 de marzo, cuando Trump hizo los primeros anuncios, renunció el Secretario de Comercio de Estados Unidos, Wilbur Ross, quien rechazaba la imposición de aranceles. El diario The Economist calculó que por cada empresa norteamericana a favor de las políticas proteccionistas podría haber otras 3.000 en contra.

En ese sentido, el tiempo que se abre entre los anuncios y la efectiva aplicación de las medidas es definitorio ya que genera un espacio para las negociaciones entre los países afectados: China y Estados Unidos. Cabe recordar que pocos días después del anuncio de imposición de aranceles al acero y aluminio, el 8 de marzo, Trump excluyó de la medida a sus comerciales del NAFTA: Canadá y México. A su vez, el pasado jueves 22 de marzo, cuando firmó con fibrón negro y ante las cámaras de televisión la suba de los aranceles; eximió al resto de sus socios excepto a China: Argentina, Brasil, la Unión Europea, Australia y Corea del Sur quedaron fuera de la disposición.

Desde el jueves 22 de marzo comenzó un plazo de 15 días en el que la Secretaría de Comercio de Estados Unidos deberá presentar el listado de los productos específicamente anunciados. Luego, se inicia un período de 30 días para recibir opiniones públicas. Es en ese plazo en donde chinos y norteamericanos se sentarán a negociar, el período del lobby de las empresas afectadas.

Al día siguiente de la sanción comercial, el viernes 23 de marzo, China presentó una respuesta más contundente (en el sentido que prevé la adopción de medidas concretas) pero también moderada en comparación con la postura de Estados Unidos. En declaraciones oficiales del Ministerio de Comercio se informó que "China no quiere librar una guerra comercial, pero no le tiene ningún temor" y que prevén la adopción de aranceles a las importaciones provenientes de Norteamérica en 128 productos (principalmente agrícolas y de acero) por un monto aproximado de USD 3.000 millones (bastante inferior a la cifra afectada por los aranceles estadounidenses). Las alícuotas serían del 25% a la carne de cerdo y del 15% a los tubos de acero, frutas y vinos procedentes de Estados Unidos.

La respuesta asiática dio lugar a un contraataque de los Estados Unidos, que presentó ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) una denuncia por las prácticas chinas en relación al uso de los derechos de propiedad intelectual que protegen la actividad de empresas tecnológicas norteamericanas en China. Según la acusación (que será respaldada en los próximos días por un informe que elabora la Secretaría de Comercio de Estados Unidos), el país asiático viola las reglas de la OMC que impiden que empresas chinas continúen usando tecnologías importadas una vez finalizado el contrato de licencia. A su vez se preparan a denunciar otras prácticas chinas como obligar a empresas estadounidenses a aceptar participaciones minoritarias de compañías locales para poder operar en China.

Ante ese escenario, el Director General de la OMC, Roberto Azevêdo, solicitó "moderación y un diálogo urgente" entre ambos gobiernos afectados. Dijo que "perturbar el flujo comercial puede poner en peligro la economía mundial". Las relaciones de la Casa Blanca con este organismo son ambigüas.

Otra organización que aparece afectada por el cruce entre las grandes potencias es el grupo del G20, cuya reunión cumbre tendrá sede en Argentina este 2018. El pasado fin de semana se reunieron funcionarios de bajo rango y entre el lunes 19 y martes 20 tuvo lugar una de las reuniones (entre las más de 50 estipuladas) más importantes; aquella que nuclea a ministros de economía, presidentes de bancos centrales y de organismos de crédito de las mayores economías del mundo. El documento de cierre de esas reuniones buscó bajar el tono a la posibilidad de una contienda a escala global; resaltó el rol del comercio internacional como "motor" del "crecimiento, la productividad, la innovación, la creación de empleo y el desarrollo" y el compromiso explícito de los países miembro de abstenerse de "devaluaciones competitivas" con fines comerciales (China es el país acusado de mantener un tipo de cambio "artificialmente" estable y competitivo por largos años en perjuicio de sus socios comerciales).

Por último, nos interesa mencionar otro tema vinculado a la coyuntura internacional y de importancia para nuestro país que formó parte de las discusiones bilaterales en el marco de las reuniones del G20. Es el posible acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea que redundará en una baja de aranceles para un conjunto de productos sensibles en el intercambio bilateral: el Mercosur pelea por una libre entrada en el mercado agroalimentario y Europa por la desregulación en el segmento de bienes intermedios y de capital.

Con el recambio de los gobiernos esas negociaciones se reinician, el kirchnerismo en alianza con la administración de Rousseff y otros gobiernos latinoamericanos había "congelado" las conversaciones pero el gobierno del PRO busca nuevamente encauzarlas. En declaraciones oficiales manifestaron optimismos por los últimos acuerdos alcanzados y prevén lanzar el acuerdo antes del segundo semestre de este año. Las voces de algunos industriales se muestran en desacuerdo dada la profunda desventaja de nuestra región en el comercio manufacturero que atentará contra puestos de trabajo locales e incrementará el rojo comercial.

Mara Pedrazzoli / Mg en Economía



Vientos de guerra

Los ministros de Finanzas y presidentes de bancos centrales de los países del G-20 reivindicaron el pasado miércoles en Buenos Aires las aportaciones del comercio internacional a las economías, en un complejo escenario global donde soplan "vientos de guerra" comercial a partir de las medidas anunciadas por EE.UU.

"Ninguna guerra comercial será civilizada. Solo habrá perdedores", advirtió el ministro de Economía francés, Bruno Le Maire, en una rueda de prensa al finalizar la reunión, en la que reclamó a Washington exceptuar a la Unión Europea (UE) de la polémica medida.

Minutos antes, en otro encuentro con periodistas, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, defendió los aranceles como una respuesta ante "prácticas desleales" de comercio, y dijo que a su país "no le asusta" y está preparado para defender sus intereses ante el "riesgo" de respuestas por parte de otros actores mundiales. "Esto no es sobre proteccionismo, sino sobre trato recíproco. No buscamos nuestra protección, buscamos un comercio libre y justo en el comercio de acero y aluminio", subrayó el secretario del Tesoro.

Federico Sturzenegger, presidente del BCRA, resaltó que esos debates "intensos" se dan en momentos en que el mundo presenta un crecimiento del 4% anual, un ritmo que no se veía desde antes de la crisis financiera global del 2008.

"Los últimos dos años, en todas las reuniones, el debate era sobre cómo aumentar el crecimiento y ese tema en esta conferencia prácticamente no fue tratado tanto", observó Sturzenegger, que apuntó que ahora que el foco está puesto en las "vulnerabilidades" que podrían atentar contra un crecimiento sostenido.


 
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