Las luces del arbolito titilaban armoniosamente; los adornos, puestos con delicadeza, estaban distribuidos a la perfección. Y el pesebre, en el suelo, se iluminaba gracias a un tenue resplandor que parecía darle vida.
La familia se sentó a cenar cerca de las diez: el padre, la madre y los dos hijos. El mayor de siete años y el más chico de cinco. Primero comieron una picada y después el plato principal: pollo al horno con ensalada rusa. El padre aseguró que a las doce entraría Papá Noel por la chimenea y dejaría unos cuantos regalos al pie del arbolito. "Así que ni se les ocurra salir del comedor", finalizó.
Minutos antes de la medianoche, el hijo menor pidió permiso para ir al baño. "Tomé mucha gaseosa", explicó. Una vez que lo autorizaron, se levantó y fue caminando despacio. Cuando atravesó el living, se maravilló al ver unas botas negras y un pantalón rojo bajando por la chimenea. Ese es Papá Noel, pensó.
"¿Qué hacés acá, pibe? ¿No te das cuenta que nadie me tiene que ver?", gritó el gordo de barba blanca, sorprendido por la presencia, apenas puso los pies en el suelo. El chico, emocionado y a la vez con algo de temor, se quedó paralizado y casi se largó a llorar. "Lo único que me falta es escuchar un llanto. ¡Estoy trabajando para darles un poquito de felicidad! Haceme el favor de irte antes de que te rompa la cabeza a martillazos".
Las luces del living se apagaron. Y el arbolito dejó de titilar. Papá Noel, al ver que el chico no se movía, sacó de la bolsa una maza de gran tamaño y le dio un golpe seco en la sien. "Te dije que te fueras, pibe. No me dejaste opción". Colocó los regalos y volvió a subir por la chimenea.
"Que raro que tarde tanto, ¿habrá ido al baño o estará vagando por ahí?" Preguntó el padre. Y se levantó furioso de la mesa para ir a buscarlo. Al llegar al living, encontró el pequeño cadáver en el suelo, con el cráneo hundido y un manchón de sangre agrandándose a su lado.
Se arrodilló a centímetros de su hijo, apoyando la rodilla derecha en la sangre tibia. Y gritó: "Familia, ¡vengan rápido! Papá Noel ya dejó los regalos".
Augusto Dipaola - augustodipaola84@gmail.com



