Soy fanática de la columna de Carlos Martínez, el meteorólogo. Lejos, es el mejor entre los que colaboramos con la Auténtica Defensa. Con profusión de palabras y mucho conocimiento, supera a cualquiera de sus colegas en la pasión con la que habla del tiempo, incluso a wheater channel. No escatima recursos para explicar el movimiento de las nubes, de la puesta del Sol o explicar la amplitud térmica. Para informar lo que otros resumen en dos palabras insípidas, él encuentra argumentos y explicaciones que transforman la noticia en un interesante análisis. Salta a la vista que le gusta lo que hace y eso no es poco. Ojalá pudiéramos dedicarnos con pasión a nuestra vocación, haríamos de nuestra vida un oasis en pleno desierto. Si bien es cierto que no podremos cambiar el mundo de la noche a la mañana, por algo hay que empezar, sin perder la convicción de poder hacerlo algún día.
Vivimos la locura del golpe de calor político que asola la Argentina cada verano. Ya es mítica la demencia que toma las calles en el mes de diciembre, las decisiones políticas desacertadas, las medidas económicas imprevistas. Los ciudadanos comunes le tenemos pánico a las altas térmicas, enloquecen al ciudadano sin distinción de raza, credo o rango social. En fin, al mal tiempo, buena cara. No obstante, somos unos privilegiados , ya que para informarnos sobre la meteorología y prever sus consecuencias lo tenemos a Martínez, que casi nunca falla...
Fabiana Daversa
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