Me preguntan cómo sabía que el submarino ARA SanJuan estaba hundido. Por qué lo decía con convencimiento a los tres días del anuncio de su desaparición. Sin dejar de pedir al Universo por el regreso de los 44 tripulantes y de reenviar las cadenas de oración, una voz interior me decía "ya está".
La intuición es difícil de explicar.
Es un mix de criterio lógico, corazonada y certeza inasible. Era sabido que estar incomunicado no era una buena señal, unido a que no hacían el snorkel desde hacía varias horas, sin poder renovar el oxígeno, volvía el panorama aún más complicado. Pero la intuición va más allá de cualquier lógica. Fue un sueño el que me reveló lo que la voz interna insistía que comprendiera.
Conozco a muchas personas que hacen de su intuición un GPS. No soy la única que se arriesga a contrarrestar el imperio de las certezas. Sin importar demasiado la opinión ajena, vamos por la vida leyendo las señales que nos rodean y ampliando nuestros horizontes. Sensibilidad tenemos todos, percepción, algunos. Pero la intuición, ésa hada portadora de buenas y malas noticias, se cultiva. Hacerle caso es un primer paso para invitarla a vivir a nuestro lado, perdiendo de a poco el miedo a escuchar las verdades que siempre trae consigo.
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