Hace 60 años nacía en Campana una exitosa fábrica de bicicletas. Piero Maistrello, uno de sus mentores, cuenta la historia.
Al bajar por Belgrano al 200, todavía está el local: "SAIB Hogar". Al vecino distraído, no le dice nada. Solo algún longevo y memorioso sabe algo de la historia. SAIB suena a apellido de comerciante otomano, tal vez fundador de un emporio familiar. El "Turco" Saib, ¡claro! Pero no. SAIB no es un apellido, sino la sigla de un floreciente emprendimiento de fines de los años ’50. Concretamente, el 23 de octubre de 1957, nacía la Sociedad Argentina Industrial de Bicicletas: S.A.I.B., en Belgrano 238, Campana.
Y fue todo un suceso industrial y económico. A Piero Maistrello se le iluminan los ojos cuando recuerda aquellos años: "No parábamos de trabajar: arrancábamos a las 7 de la mañana y cerrábamos a las 10 de la noche, pero no dábamos a vasto. Llegamos a vender hasta 40 bicicletas por día y más también…"
Todo nació casi de casualidad, en los muelles de la extinta Papelera Pedotti, a la vera del Paraná. "Estábamos haciendo unos trabajos en el muelle y comenzó a llover. Nos guarecimos bajo una estructura a esperar a que pare y ahí, Silvio Zanini me cuenta su proyecto, que pasaba por fabricar partes de bicicleta y venderlas a fabricantes. Esa misma tarde le di la plata para comprar los materiales y empezar".
Así nació Cicles ZAMA (por Zanini y Maistrello, claro) establecimiento dedicado a fabricar stends y cubrecadenas para bicicletas, en un taller alquilado de la calle Rawson al 900. Los inicios fueron duros. "Me gasté los zapatos, literalmente, buscando clientes en Buenos Aires hasta que di con la para mí desconocida Cámara de Bicicleteros y las puertas se nos abrieron todas juntas", cuenta Piero quien ya suma 82 años.
En un año, los dos emprendedores habían encontrado su techo comercial y estaba dado por el suministro de energía eléctrica disponible: la vieja usina a corriente continua de Campana. Fue entonces que los dos socios decidieron dejar de trabajar para fabricantes de bicicletas, y fabricar las propias. Así nació S.A.I.B., en la calle Belgrano, y con local propio.
"Yo no sabía ni poner una cadena. El que sabía de bicicletas era Zanini. Pero había aprendido a soldar montando la cañería del Horno Rotativo del Laminador Peregrino de Dalmine SAFTA (hoy TenarisSiderca) a las órdenes de Gino Scordamaglia. Una rueda tenía 36 rayos… y armaba una rueda cada 8 minutos".
SAIB llegó a ser una pujante PyME con 6 personas fabricando bicicletas. Pero además, el local era una bicicletería con local a la calle y todos los servicios reparación y mantenimiento, esto último a cargo Carlitos Hernández, el padre de Fabio, actual Director de la oficina local del PAMI. Maistrello también recuerda con afecto a Sergio Ballini, su primer empleado, quien ingresó a la firma con 12 años recién cumplidos; y a Juan González, su mariscal en la línea de soldadura.
Los modelos de SAIB eran "Media Carrera", "Paseo", e "Inglesa", en rodados 12, 14, 16, 18 y 24. La primera y única fábrica integral de bicicletas de Campana llegó a tener su propio equipo de competición, que manejaba su padre, Juan Francisco, con corredores todos campanenses que siempre hacía podio en el calendario de carreras de la región. En el museo de Pedro Gatti hay una "chaqueta oficial" del equipo.
"Fue una época –cuenta Piero- que la bicicleta era el medio de transporte por excelencia. Todos tenían o querían una. Así, entre 1957 y 1965 llegamos a soldar más de 7000 bicicletas. A veces no llegábamos con los pedidos sobre todo en época de Reyes. Eran las 12 de la noche, y teníamos a varios papás esperando en la puerta para llevarse la bicicleta para su hijo". Piero dice que en la carpintería de Ítalo Dal Bo todavía hay una "SAIB". "Hay muchas por ahí. Las reconozco por la vaina trasera del asiento, un diseño nuestro. Aunque no lo creas, en 1978 vi una en Formosa", ríe Piero, entre orgulloso y nostálgico.
Todo duró menos de 10 años. Los vaivenes del mercado hicieron que SAIB diversificara su negocio, buscara otros rumbos en un terreno en incursionaba lateralmente, el de los artículos para el hogar. La fábrica de bicicletas de Campana quedó en el recuerdo, y nos habla de una Argentina de emprendedores, muchos de ellos inmigrantes, con el impulso vital intacto a pesar de la Guerra: "Nosotros somos de Brindisi, Italia. Yo tenía 10 años y vino un bombardeo inglés. Cuando volvimos a casa, no había nada quedado nada en pie: sólo una maceta con un malvón rojo al rayo del sol. Dejé un país pobre para venir a un país rico, con todo por hacer. Ahora parece que se ha dado vuelta la ecuasión. Pero no hay que bajar los brazos nunca. El que persevera, triunfa", concluye.
Piero Maistrello, uno de sus mentores, rememoró la historia junto a La Auténtica Defensa. “Me gasté los zapatos, literalmente, buscando clientes en Buenos Aires", recordó.
Otros tiempos, en la puerta del flamante local: Silvio Zanini, Juan Maistrello, Piero Maistrello, un cliente y Sergio Ballini, el primer empleado de SAIB.
En el interior del local de la calle Belgrano: Piero, su socio Silvio Zanini, Maistrello padre, y el pequeño empleado Sergio Ballini.



