La Orden Monástica Católica de los Cartujos, fue fundada por San Bruno de Chartreux (1035-1101); está formada por monjes especializados en la comunicación con Dios. En todo el mundo hay unos cuatrocientos cincuenta. Siete se encuentran en la Argentina, en San José de la Cartuja, en Déan Funes, Córdoba.
Dentro del monasterio viven en completo aislamiento, el principio en que se basan es "Si el ruido no puede entrar, mucho peor será que el silencio se escape". Sostienen que la voz de Dios, es un susurro y que para percibirla hay que callar.
La población que se encuentra situada al oeste de la Sierra Pobre, en el valle de Lozoya, (España), se conoce con el nombre de Rascafría.
Lugar enigmático junto al monasterio cartujo de El Paular, enclavado en un paraje dónde los bosques miran hacia el cielo y cada tanto, la carretera y los caminos se empinan más y más. Allí tienen protagonismo el Puente del Perdón, la Casa de la Horca, el Carro del diablo, la Peña de la Mora, la Cueva del Monje...
El origen del monasterio se remonta a la época de los asentamientos árabes, aunque hay una mención en un documento del año 1390, como lugar dónde se ha vendido un molino. Lo cierto es que se vincula a la construcción como parte del siglo XIV, siendo una de las Órdenes más antiguas de la Cristiandad.
Por este monasterio pasaron reyes y reinas, que dieron protección a los Cartujos, ya que sus pinares eran muy apreciados para pasar largas etapas veraniegas.
Los Cartujos son contemplativos que le dedican en el silencio, toda su existencia a Dios, a su escucha.
El modo de vida del monje Cartujano, es comunicar el espíritu, base de la vida solitaria, unido al silencio de la celda, el rezo contínuo, el trabajo humilde y pobre, pero también la vida fraternal, el rezo litúrgico común (Cantos Gregorianos) y la obediencia.
La vida solitaria de los Cartujos ha atraído siempre a hombres hambrientos de infinito, que deseaban vivir ocultos a los ojos del mundo, consagrando su existencia totalmente a Dios en el silencio y soledad de una ermita.
La soledad del Cartujo no es una dimisión ni un abandono, sino la elección de un espacio de libertad, en que se expresa plenamente el don de sí mismo, a favor de la humanidad, y en el que se alza permanentemente un rezo universal. Así, en nuestro mundo moderno, que cambia vertiginosamente, la Orden de los Cartujos afirma una búsqueda universal, un ideal de verdad y una plenitud interior. La búsqueda del ser entero, del hombre de todos los tiempos.
Los Cartujos se cubren con un hábito de color blanco de holandilla, portan capirotes, es decir un sombrero de forma cónica. Las Cofradías han hecho parte de este uniforme el vestuario representativo para las procesiones de Semana Santa. La tela que lleva en la parte frontal del capirote la hacen descender hasta los hombros cubriendo la cara y el cuello del nazareno y dejando tan sólo un par de orificios para los ojos.
Los penitentes en Semana Santa usan estos elementos para imitar los escarnios que sufrió Jesús de Nazaret camino de la cruz de una forma no incruenta, pero si molesta, puesto que estos capirotes no son para nada cómodos.
A pesar de su comparativa, los capirotes de la Semana Santa usados por los Cartujos, son anteriores a los usados por el Ku Klux Klan (KKK), con los cuáles no existe ninguna relación.
Los Cartujos que participan en la Magna Procesión Jesús del Gran Poder son voluntarios.
Pocas palabras para definir a estos monjes: la Cartuja queda en éste, pero es otro mundo.
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