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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 05/may/2004 de La Auténtica Defensa.

Un camino necesario




 

Buenos Aires, (Especial para NA por Pepe Eliaschev) -- La racionalidad era un camino necesario e inexplorado. Alternativa bien diferente del racionamiento, procura aplicar criterios que se edifican desde la supremacía de la razón para confrontar y solucionar problemas de alta complejidad.

Cuando el Gobierno recorre ese sendero, como se hizo patente esta semana, se aparta de las tentaciones emocionales y de los atajos que supo preferir en caliente, cuando trataba de construir poder político desde la orfandad a partir de la cual inició su gestión, hace casi 12 meses.

Es otra época ahora. Néstor Kirchner lo sabe tal vez mejor que nadie. Es posible que el Presidente sea testarudo y a menudo irreductible en sus modales y preferencias. Pero es un político que se maneja con escrupulosa fidelidad a los dictados de las lógicas. Hasta ahora ha gobernado así porque ha querido.

El Presidente ni es ni se siente víctima. Fue él quien eligió la configuración radial de su sistema de toma de decisiones. Esa decisión le trajo victorias y contrastes, luces y sombras.

No cambiará mucho en el futuro inmediato, aunque días atrás sorprendió con humanas aceptaciones de sus errores y estimulante decisión de enmiendas derivadas de la crítica.

Tal vez ya ha llegado el momento para la Casa Rosada de admitir que no siempre quienes no son amigos no son automáticamente enemigos.

Por ahora, sólo por ahora, los mandobles que asesta no se traducen en severos traspiés. Esta semana fustigó, por ejemplo, a Chile y al Banco Mundial.

Se sabe, no es que a la Argentina le sobren los amigos y esté excedida de aliados. El nuestro es un país que requiere muchos consensos y diferentes y progresivos acuerdos para alcanzar una cota de gobernabilidad que aún luce distante.

Pero, como parece ser ya ostensible y, además recurrente, el Presidente se empeña, con esfuerzos osados que al menos a mí me resultan casi siempre incomprensibles, en sembrar sal sobre lesiones no cicatrizadas o en zaherir instituciones con las que sería mejor lidiar de modo menos confrontativo.

El doctor Kirchner cree en este estilo de gestión, que en un cierto sentido, y salvadas todas las numerosas diferencias, evoca al pujante Raúl Alfonsín de 1983 a 1986, cuando el líder radical hacía guantes en simultánea con las Fuerzas Armadas, los Estados Unidos, los sindicatos peronistas, la burguesía agropecuaria, el empresariado industrial y la Iglesia.

La racionalización del consumo de gas natural y electricidad no solo era inevitable: es una señal tardía, aunque muy positiva, de que la Argentina confronta muy serios riesgos en su línea de flotación.

La recuperación económica se tragó los criterios, las previsiones y los presupuestos previos, típicos de un país que había sido acostado por una debacle económica colosal.

Para que la mera inercia de tamaño envión se pueda preservar en sus esencias, el país requiere seguir consumiendo energía. Una combinación de factores devastadores puso de cabeza y en oposición a las demandas de consumo con las penurias de la oferta. Parábola monumental en clave sadomasoquista, la Argentina es un país que se perjudica a sí mismo al no crecer por falta de combustible en el tanque.

El Gobierno ha trabajado, y mucho, para confrontar la coyuntura penosa y en esa tarea no hubo ni triunfo ni empate. Sacrificar la relación con Chile no fue una decisión liviana y dañina tomada irresponsablemente por el Presidente, pero resulta obvio que en la

Casa Rosada a veces estas cosas son encaradas con una autosuficiencia y una temeridad que intimidan.

Aunque al Gobierno le duela que se lo recuerden, esta crisis energética ha mostrado que los acontecimientos fueron por delante de los mandatarios, concentrados en proteger el consumo doméstico, acotar las pérdidas y minimizar el perjuicio.

Si tuviera que opinar, yo diría que esa no es la mejor manera de gestionar un país tan complicado como la Argentina. Pero, finalmente, el Gobierno hizo esfuerzos serios para ponerse a tono con la crisis, una vez que pudo superar sus propias pulsiones acerca de cómo encarar una coyuntura severa.

Esas pulsiones incluyen pizcas a menudo gruesas de soberbia y cierta petulancia política, que además de ser hirientes, son perfectamente inútiles.

En este sentido, el Presidente funciona como jefe operativo y concentra con firmeza el desarrollo de las batallas puntuales, delegando poco y nada y encarando escenarios cambiantes con acciones puntuales en las que se reserva el manejo unilateral de los temas, ya sea con Gustavo Béliz en seguridad como con Daniel Cámeron en energía.

Así opera el Dr. Kirchner, sin reuniones amplias, ni de gabinete, apelando al máximo rigor posible en la concentración de decisiones y verdaderamente absorbido con cada asunto específico.

Hubiera sido frontal y a la vez preñado de alternativas positivas, que el canciller Rafael Bielsa fuese a Chile a procurar mejorar el entuerto con el gobierno de Ricardo Lagos, pero Kirchner prefirió que permaneciera en su propia órbita el manejo de la situación, de la misma manera que Roberto Lavagna quedó al margen de la cuestión energética.

¿Cómo puede asegurarse una gestión inteligente y global de los asuntos nacionales cuando el esquema operativo revela tamaña acumulación de responsabilidades y decisiones? La inminente visita a los Estados Unidos, nada menos que la tercera en un año de gobierno, no resulta de sencilla comprensión.

Al margen de una eventual y apremiada, pero implorada ¨oportunidad¨ de verse con George W. Bush, que hasta última hora parecía sencillamente inviable, ¿qué justifica el nuevo desplazamiento del Tango 01 al norte?

La agenda formal sería incluso modesta para un canciller. El Presidente participará de una ocasión académica junto al profesor Paul Krugman, que escribe semanalmente en The New York Times. Volverá a presentarse ante el Council of the Americas, un lobby empresario que suele ser visitado por los ministros de Economía de la región. Recibirá un reconocimiento del Comité Judío (Norte)

Americano, la entidad estadounidense que equivale a la DAIA de nuestro país.

Es posible que haya razones en el viaje que el columnista ignora, pero prima facie no parece que tan módica agenda justifique la gira, visiblemente pautada por gestos y desplazamientos protocolares.

Según los mentideros más confiables, el mismo gestor que convenció al canciller de Eduardo Duhalde, Carlos Ruckauf, de designar a un embajador argentino ¡ante la comunidad judía argentina! sería el arquitecto de esta tercera incursión en la siempre rutilante Manhattan, Saúl Rozstain.

Los senderos que recorre el Presidente tras su primer año en el cargo mucho tienen que ver, además, con la desolación política que se advierte fuera del Gobierno.

Elisa Carrió, por ejemplo, sigue fatigando la pantalla televisiva y agotando el espinel que recorrió hasta el fracaso el ex vicepresidente Carlos Chacho Alvarez: hacer política a base de pura y excluyente presencia mediática. Carrió carece de un partido que merezca llamarse así por vida orgánica y vigor participativo, pero su imagen es proyectada por la TV sin pausas e, incluso, ella ha hecho de la dieta que tanto necesitaba un elemento de desembarco periodístico.

A la derecha, los proto-candidatos a ser la figura alternativa el año que viene se van posicionando, pero para ellos la hora de la verdad implicará descartes inevitables. Ricardo López Murphy, Jorge Sobisch y Mauricio Macri reportan a un mismo denominador común, aunque provengan de historias diversas y convoquen a tramos específicos y diferenciados de una misma clientela ideológica.

Pero ni Carrió con su trepidante y monotemático anuncio del Apocalipsis final, ni las tiendas liberal conservadoras acumulan estructura política ni espacio propio en el Congreso como para poder ocupar el vacante espacio de una oposición en funciones en la Argentina.

La realidad impone, empero, alineamientos o derivaciones que son hijas de realidades previas e incontrastables. Cuando esta semana Diputados tuvo que tratar a los apurones y en obediencia debida a las imposiciones cada vez más intemperantes del padre de Axel Blumberg (es mortificante que el padre sobreviviente haya terminado opacando el recuerdo de la joven víctima, ¿no?), una legislación ¨dura¨ contra la inseguridad, el oficialismo justicialista tuvo a su lado a la tropa de Adolfo Rodríguez Saá y en frente al radicalismo, la izquierda y los llamados ¨transversales¨ (kirchneristas que vienen del peronismo anti-menemista).

Las pálidas fronteras ideológicas de la Argentina de mayo de 2004 seguirán suscitando opciones asombrosas. Todo está por ser dicho.

www.pepeeliaschev.com.ar

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