Una de mis pasatiempos preferidos es sentarme en la vidriera del café cerca de casa y mirar la similitud entre los perros y sus dueños. El porte, la expresión de sus ojos, la manera de caminar en sintonía no dejan de asombrarme. La Noche de las narices frías ya lo mostraba junto al Sena en el año 1961. Fue la decimoséptima película de Walt Disney y contaba la historia de amor entre dos Dálmatas que querían ser exterminados por Cruela de Vil para hacerse tapados con su piel. Ahora se ven poco. Están de moda en Argentina el Bulldog Francés y el Labrador. No faltan los Caniches Toy y los Rottweiler . Algo que empieza a verse con mas frecuencia son los Galgos rescatados de los refugios, casi siempre defectuosos. Les falta una pata o tienen un ojo perforado. Como las carreras están prohibidas desde noviembre del año pasado, muchos aparecieron muertos en las rutas . Los que lograron escapar y encontraron un hogar que no quiera lucrar con ellos, llevan sus heridas a cuestas, como héroes de guerra.
Están los perros que llevan nombres humanos en el collar y sustituyen el hijo que se fue o la bebé que no nació. Está la mascota que la abuela heredó porque los nietos se fueron a vivir a otro país. El grandote que extraña el jardín y el que siempre estuvo confinado en el departamento.
Como sucede con las parejas, creo que lo que asemeja a los seres vivientes son sus historias. ¿ Cómo no se van a parecer, si transitan las mismas experiencias?
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



