Ya nadie quiere ir a verlo. Está solo y tiene 90.
Le diagnosticaron cáncer y las amigas ya no la llaman.
Su pareja la dejó tras haberle diagnosticado una enfermedad terminal.
Parecen pesadillas, pero son relatos mas frecuentes de lo que imaginamos. Aún no hemos podido superar la sensación tenebrosa que nos produce el saber que alguien querido va a morir. El pensamiento secreto que nos visita es el no poder superar la pérdida. El núcleo duro de ésa reflexión es "me muero con él" . Para algunos, se compensa con el enojo. Ahí surgen frases crueles , del tipo "ya vivió mucho", como si la vida fuera un envase cuyo contenido se usa o se desperdicia, con plazo de vencimiento incluido. Otros, más proclives a la teoría profética, echan culpas. "nunca se cuidó...le dije que se cuidara". Están los que se sienten invitados al evento, como si el que va a morir tuviera fueros para llevárselo consigo. Sus frases preferidas de ésa tipología son "me hacen mal los hospitales", "no puedo acompañar a los enfermos", "no estoy hecho para las despedidas".
Mientras sea un tabú morir, no viviremos la vida como es debido. La certeza del final es incuestionable. Hagamos lo posible, panópticos, de acompañar con dignidad y afecto a quienes amamos y les toca cruzar el umbral.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



