La transexual Jimena Benavidez trabaja de pañolera en el obrador del barrio 104 Viviendas, atrás del club Puerto Nuevo. Es, prácticamente, su primer trabajo estable. "No se necesita tener el secundario para fregar pisos o lavar platos, pero te ven diferente y jamás te llaman", lamenta quien se define como "una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre".
Jimena Benavidez (33) no escapa al estereotipo de la transexual que se prostituye porque su condición no le permite encontrar trabajo. "Te ven llegar vestida de mujer, pero como tu DNI dice que sos hombre, la puerta se cierra automáticamente. Y la verdad es que sos una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre", dice Jimena Benavidez, quien logró su cambio de identidad recién en 2015, gracias la ley de Identidad de Género sancionada en 2012.
Oriunda de la isla de Alto Verde, Santa Fe, y luego de varias idas y venidas, hace varios años que vive en el barrio San Felipe, junto a su madre y a dos hermanas. Pero tiene dos hermanas más que, como ella, también trabajan en el obrador del barrio 104 Viviendas: "Estoy muy orgullosa de ellas. Natalia y Lorena son madres solteras. Empezaron en la obra como ayudantes y trabajaron tan bien que ahora una es medio oficial y la otra oficial".
Jimena está a cargo del pañol, un puesto de máxima confianza que se ganó luego de militar en el Movimiento Evita de Campana durante varios años. "Empecé a militar más que nada en el Frente de Mujeres del movimiento, donde uno de los principales objetivos es ofrecer contención a mujeres golpeadas o con problemas de adicciones. En los barrios todo se sabe, y cuando surge algún tema de esos, nos presentamos para ver si necesita una mano y ayudar a esa mujer a salir de ese trance. A veces también hablamos con el tipo, siempre en buenos términos. Hablando, la gente se entiende…" dice Jimena con una sonrisa pícara.
Ella está contenta con su trabajo: "Es un respiro, y una vida nueva", dice y agrega que aprendió "un montón" sobre herramientas y materiales de construcción, y de administración. Incluso valora poder conocer gente nueva: "Imagináte que acá trabajan unas 100 personas. Te vas relacionando con gente nueva, y eso es muy valioso para mí. He tenido algún problema, claro. Pero los que discriminan son los más viejos, los mayores de 40 años. Los ubiqué y listo. Alguno me ha dicho ‘muchacho’ y le dije: ‘Mirá: no me puse tetas, me tiño el pelo y me depilo la cejas para que me digas muchacho… yo te respeto, vos respetáme", explica Jimena muy tranquila, como quien sabe perfectamente que hay cosas peores.
LA CALLE Y LA NOCHE
Es alta. Mide 1,84 y merced a diferentes intervenciones sus medidas son 95-60-110. Jimena es transparente y no le esquiva a hablar sobre su pasado. Pero no se victimiza. Lo cuenta. Lo cierto que no quiere tener que volver a la calle, aunque en términos monetarios sea muy tentador: un "servicio" puede valer unos $200.- y el promedio es de entre 5 y 7 por noche. "La noche es larga", aclara y explica que no todo el público es de Campana, sino más bien de ciudades vecinas.
Cuenta que paraba mayormente en San Martín y Güemes, junto con una colega. "Es mejor de a dos, y siempre estar comunicada por celular" dice y asegura que nunca ha tenido mayores problemas. Recuerda un no tan lejano episodio con dos marineros filipinos. Ella y su amiga se defendieron a las piñas hasta que se refugiaron en la heladería Real. "Los empleados llamaron a la policía. Tardaron un rato en venir, pero al final se los llevaron al barco" relata divertida, pero aclara que no fue nada grato.
Además de "andar de a dos" Jimena aclara que "prefería parar en un lugar céntrico y con buena luz, por seguridad. Me robaron sólo dos veces. Fueron pibes y estaban drogados". También comenta que sólo trabajaba de lunes a viernes, porque "los fines de semana Campana es un desastre entre las 11 de la noche a 3 de la mañana, y más o menos de las 5 a las 8 de la mañana: la previa y la resaca".
Jimena tiene planes. "Esta obra en algún momento va a terminar. Puedo buscar otro trabajo, pero tal vez no llegue nunca. No se necesita tener el secundario para fregar pisos o lavar platos, pero te ven diferente y jamás te llaman. Por eso estoy ahorrando para ver si puedo empezar a ganarme la vida vendiendo ropa. Pienso ir a La Salada o a Once y traer para vender. Ya veré", dice Jimena y mira a través de la ventana del pañol y le pega una larga pitada a su cigarrillo.
“Es un respiro, y una vida nueva", dice Jimena sobre su trabajo en el obrador del barrio 104
Integración: "Acá trabajan unas 100 personas. Te vas conociendo, relacionando, y eso es muy valioso para mí", cuenta jmena respecto a la obra del barrio 104 viviendas.
El 104
Iniciado en 2011 y con fecha de entrega para octubre de 2013 primero, y marzo de 2014 después, el barrio "104 viviendas" es un Plan Federal que fue interrumpido cuando se encontraba al 70% de su ejecución. Merced a gestiones Municipales, que incluyeron la cancelación del contrato con Sentra S.A. por incumplimiento, los trabajos se reiniciaron a principios de este año luego. La obra fue adjudicada a la Cooperativa La Patriada, integrante de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) y es coordinada por militantes del Movimiento Evita, cuyo referente en Campana es Sergio Echegaray.
“La noche es larga", explica Jimena.



