Tengo mi oficina en una casa grande y vieja. Como suele suceder en ésos casos, cada tanto alguna alma peregrina viene a recalar ahí desde el otro mundo. Jamás les tuve miedo a los fantasmas.La muerte de mi padre a los cuatro años, la religiosidad profunda de mi abuela y el sincretismo espiritual en el que creo hicieron una amalgama de confianza en ellos difícil de explicar. Es más, prefiero los buenos fantasmas a los humanos promedio
El otro día me tocó trabajar hasta más tarde y cuando es así, indefectiblemente, termino sola en el caserón . En un recreo, momento en el que uno aprovecha para mirar el celular, oí pasos crujientes en la escalera de madera. Justo me llamaron por teléfono. Con la certeza de que no podría ser nadie conocido el que había entrado en la casa, con toda naturalidad atendí la llamada y al mismo tiempo enfilé hacia el mueble de roble en dónde guardo las velas blancas y el agua bendita (tengo la convicción de que ésa combinación los tranquiliza). Mientras hablaba, encendí el cirio. Luego, caminé en dirección al escritorio y vi de soslayo que se había prendido la luz del pasillo. Pensé, es uno de los espíritus cargosos. Porque los hay de todo tipo: románticos, serenos, detallistas...y cargosos. Preparé el incienso alquímico, especial para ése tipo de fantasmas y me envolví en la nube perfumada.
Confieso que nunca se me pasó por la cabeza que pudiera ser un ladrón... Seguí de lo más entretenida con mis quehaceres, aumenté el volumen de la música y mientras puse en la boca una pastilla halls mentoliptus, entró a mi gabinete la razón de todo ése movimiento. Era una amiga que venía a dar un taller y había arreglado el alquiler del salón directamente con la propietaria, sin que me hubiera enterado. Quiso darme una sorpresa.
Después de abrazarnos y mirarnos a los ojos me preguntó: _ estás sola? Tenía ganas de contestarle no, nunca estás sola en ésta casa , pero preferí darle una respuesta convencional. Ésa noche sería ella la encargada de apagar las luces y cerrar la puerta del hostel de los espíritus.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



