Por las venas de Campana corre sangre de Colobraro. El viaje de Miguel Ángel Marinetto al encuentro de sus raíces, develó en parte el invisible lazo que existe entre nuestra ciudad y un pequeño pueblo perdido en el sur de Italia.
A veces hay que empezar por el final: días más, días menos (y si su hijo Natalio le presta esa última mano con el procesador de textos que entiende pero no alcanza a dominar) en septiembre, el herrero Miguel Ángel Marinetto (70) imprimirá una edición limitada y traducida por él al español del libro "Colobraro: un pueblo, una historia, una cultura" publicado por Michele Crispino en1984.
Así, Miguel Ángel cerrará un círculo que empezó en su niñez, en la casa de su abuela Rosa María La Canna, sobre Mitre al 500, donde nació y creció escuchando relatos sobre ese pueblo al otro lado del océano. "Eran historias de fantasmas y aparecidos, peleas, festejos, traiciones… yo las escuchaba sin cuestionar ni preguntar. Yo era chico. Sólo me entraban y quedaban ahí", relata.
Todo afloró varias décadas después. "Yo ya andaba por mis 50 y hubo un episodio que fue el disparador. Mi tía sacó del cajón de su mesa de luz una pequeña cartulina doblada en dos. Al abrirla, en su interior, había dos antiguas fotos color sepia de Colobraro y sin mayores explicaciones me dijo: Tomá. Tenélas vos". Al poco tiempo, la tía murió.
UN INTENDENTE
A Miguel Ángel quien, dicho sea de paso supo ser cinturón negro de karate, se le entrecorta la voz y se le escapan algunas lágrimas que trata de disimular mientras relata que, de repente, tuvo una incontenible necesidad de saber más de sus raíces, de la tierra de sus abuelos y de los abuelos de muchas familias campanenses que aún se encuentran en la ciudad y vinieron desde Colobraro a radicarse en Campana. Porque durante su búsqueda, supo que las familias Altieri, Gulfo, Rímoli, Lucarelli, Bloise, La Canna, Curzio, Fortunato, Ciancio, Donadio, Gagliardi, Mazzei, Modarelli, Machiarello, Marsico, La Gioia, Caivano, entre otras, llegaron a nuestra ciudad con un mismo y único origen.
Incluso, de ese pequeño pueblo que hoy cuenta con apenas 1500 habitantes y al que ni siquiera llega el tren son los Barletta, familia que le dio un intendente a Campana entre 1953 y 1956. ¿Cuántas otras familias de Colobraro hoy siguen en la ciudad? ¿Cuántas más hubo y emigraron luego de la masiva diáspora generada por cierre del frigorífico, o por simple y natural goteo? Posiblemente ya nunca se sepa. Pero gracias a ese llamado interior de Miguel Ángel, hoy tenemos la certeza de que en durante una ventana de tiempo que transcurrió entre aproximadamente entre 1895 y 1920, Campana fue un pequeño Colobraro.
EL VIAJE
"Era a mediados de los ’90, y el tema se había transformado para mí en una especie de obsesión. En esos días, para hacer ejercicio, caminaba desde mi casa en el barrio La Argentina hasta Ariel del Plata. Y con cada paso que daba, en mi mente repetía: Colobraro... Colobraro... Pero la verdad es que no sabía ni dónde quedaba. No había internet, no tenía muchos medios donde consultar. Hasta que me acordé que en el taller de Remo D’Antonio había un gran mapa de Italia sobre la pared. Le comenté a Remo, apoyó su índice sobre el mapa y empezamos a buscar. "¡Acá está!" me dijo Remo, y una sensación de alivio y felicidad me recorrió el cuerpo", cuenta Miguel Ángel.
"Le conté –continúa- a Lilian, mi señora, lo que había pasado y le dije que por qué no viajábamos a Italia a conocer Colobraro. Y me dijo que no, porque estaba fuera de nuestras posibilidades. Pero que yo viajara solo no era imposible".
Los planetas, una vez más, se alinearon. Lilian, en ese entonces docente en actividad, consiguió un crédito para pagar el pasaje, y su hijo, Natalio, le hizo una extensión de su tarjeta de crédito para cualquier eventualidad. "Resumiendo –dice Miguel Ángel con una orgullosa sonrisa- me pusieron una estampilla y me mandaron para allá".
Un viejo amigo de Miguel Ángel, Guillermo Billinghurst, quien hacía varios años había dejado Campana para radicarse en Italia, lo esperaba para alquilar un auto y acompañarlo en su búsqueda. Así fue que Miguel Ángel pudo responder al llamado de la sangre. Conoció Colobraro, caminó sus calles, habló con sus vecinos. Por un par de días fue una celebridad del pueblito enclavado en lo alto de la sierra, en la provincia de Matera.
Piero Violante, un vecino que suspicazmente le dijo ni bien lo vio llegar: "Nadie llega hasta Colobraro a hacer turismo ¿quién sos?" fue quien le regaló el libro de Michele Crispino que registra relatos sobre la historia del pueblo y que Miguel Ángel tradujo al español. Un ejemplar será atesorado en la Biblioteca Municipal de Campana. Otro, viajará para la de Colobraro. El resto, tendrá la misión de revitalizar las raíces de ese puñado de familias que nutrieron y nutren la historia viva nuestro lugar en el mundo.
Marinetto sonríe mientras repasa las andanzas del antepasado bandolero de los Gulfo.
Colobraro, al sur de Italia y en el ADN de Campana.



