Luego del incendio que destruyera sus instalaciones en 1924, la principal fuente de trabajo de nuestra ciudad tenía sus días contados. Creado en 1883, el que fuera el primer frigorífico argentino y que había llegado a emplear a miles de trabajadores, cerró definitivamente sus puertas en 1926. Sobre el incendio, que en primera instancia fuera adjudicado al sabotaje de los propios trabajadores; la misma prensa de la época llegó a especular con una sospecha generalizada en torno a una maniobra realizada por la misma empresa con una jugosa póliza de seguros contratada poco tiempo antes. En definitiva, el crecimiento del pueblo que había soñado con ser capital de la Provincia, se detuvo.
La población tendió a decrecer, llegando incluso a la trágica situación de que las defunciones superaron a los nacimientos, una clara evidencia del envejecimiento de la población, producto de la emigración de los más jóvenes. Muchas familias dejaron la ciudad siguiendo al frigorífico a su nuevo emplazamiento, en Dock Sud. Otros buscaron nuevos rumbos, y pocos se quedaron.
Si algo caracteriza al período que comenzó en 1926 y se prolongó hasta los inicios de la reindustrialización de la ciudad en 1949, es un paisaje urbano plagado de casas abandonadas. Un interesante informe del Instituto Agrario Argentino, titulado Reseña general, histórica, geográfica y económica del Partido de Campana publicado en 1944, nos da cuenta además, de otro fenómeno: Campana se "ruralizaba". Quintas y chacras aparecían como estrategia de subsistencia de muchas familias locales. Así se explicaba: "El cierre del frigorífico Anglo, que ha dejado sin trabajo a numerosas personas y que repercute aún en forma sensible en el desenvolvimiento del comercio, ha quitado también la típica y pintoresca escena de la entrada de la hacienda destinada al frigorífico, y de los arrieros con sus tropas".
No era una novedad. Muchos años antes, en 1932, la Revista Caras y Caretas, en una nota sobre nuestra ciudad, titulaba: "El frigorífico muerto". El cronista pintaba una terrible escena: "...He visitado las instalaciones. Son varias manzanas de terreno con grandes galpones, con motores, con calderas. Todo instalado y todo muerto desde hace seis años. El yuyo crece entre las maquinarias (...) ¿Por qué no se utilizan esas máquinas y esos galpones? ¿Por qué no se venden? ¿Por qué no se alquilan?
Si el panorama era desalentador, imaginemos el impacto que habrá significado para la empobrecida economía local el incendio de Agosto de 1934 en la Compañía Nacional de Petróleos. En el imaginario popular, no podían dejar de estar ausentes las funestas consecuencias del incendio anterior. Por fortuna, la empresa se recuperó.
En la década de 1940, el impulso que cobraba la producción rural parecía mostrar un cambio en el rumbo del modelo económico de la microrregión. La cantidad de cabezas de ganado se recuperaba del impacto de la crisis, lo que no debe llamar la atención, pues esas cabezas de ganado encontraron destino alternativo en otros frigoríficos, como el Anglo de Zárate, a la sazón, parte integrante del mismo grupo empresario británico que el de Campana:
Asimismo, la agricultura mostraba una diversidad muy importante de producción: 5.000 hectáreas dedicadas a la producción de maíz, 2800 a la alfalfa encabezaban la actividad agrícola; que convivía con más de 200 explotaciones de manzanas, un centenar de duraznos, y más de 400 de cítricos.
Aunque para el Instituto Agrario Argentino una estrategia para salir del estancamiento podía ser el fomento del turismo ("Campana puede ser lugar de turismo, del pequeño turismo dominguero o de fin de semana que requiere la Capital federal (...) Con ello ganaría el mismo pueblo el aporte económico del turismo..."); la dirigencia política decidió insistir con la recuperación del destino industrial. Cuando se impulsó la expropiación de las tierras del frigorífico, se decidió poner en marcha un plan cuyo objeto era recuperar el uso industrial de esas tierras, pero permitiendo la ampliación del ejido urbano y la recuperación de la costa del Paraná de las Palmas. El plano que mostramos, de esa época, da cuenta del espíritu del proyecto: Ampliar el ejido urbano, crear un parque industrial y recuperar el contacto con el río Paraná de las Palmas.
Todo quedaría en una intención. En 1949, el desembarco en nuestra ciudad de Dálmine SAFTA y Cometarsa, obligarían a replantear el proyecto, Campana recuperaría definitivamente su destino industrial, pero con un mapa muy diferente.
Luego del cierre del Frigorífico en 1926, el proyecto oficial era lotear, urbanizar y reindustrializar esas tierras
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