Muchos docentes pasaron por las aulas de la Escuela Normal en los últimos 40 años pero hay dos que ya no están y que sin lugar a dudas dejaron su impronta en quienes pudimos compartir con ellos largas horas de trabajo.
La primera Susana Guerra, profesora de Lengua y Literatura y Directora de la Unidad Académica. Una bella mujer, alta, elegante, seria, trabajadora, perfeccionista, con metas claras, ordenada y comprometida con la educación pública. Ávida y minuciosa lectora, siempre buscando nuevos textos para trabajar con sus alumnos, que la recuerdan por su excelencia. Soñaba con tener una escuela que se destacara, que creciera y de la que se hablara con respeto y admiración. Amaba la literatura española que enseñaba con verdadera pasión. Sus autores preferidos: Unamuno, García Lorca, Miguel Hernandez lo que habla de su sensibilidad.
Sus discursos eran impecables, claros, comprometidos como lo era ella
Comenzaba su jornada laboral muy temprano y la terminaba cuando finalizaban las clases del terciario. Todo el día haciendo gestiones para que la escuela normal se destacara. Incansable trabajadora.
Tenía carácter muy fuerte y discutía apasionadamente cualquier tema que seguía meditando y que si descubría que finalmente no tenía razón al otro día te buscaba para pedirte las disculpas del caso.
Gracias a sus innumerables gestiones consiguió abrir en el año 1989 los profesorados de Lengua y Literatura y el de Ciencias Naturales donde, desde entonces, se reciben jóvenes que ingresan al mercado laboral de toda nuestra región.
La organización de las dos carreras nuevas le llevó muchas horas de trabajo, le interesaba supervisar la marcha de las clases de cada uno de los profesores que tenía la responsabilidad de dictar las materias.
El otro docente fue Jorge Modarelli, profesor de Química y también Rector de la Unidad Académica como le gustaba ser llamado en cumplimiento de una resolución ministerial. Un hombre simpático, muy educado en su trato, amable y amigable pensó la escuela como una gran familia a la que permanentemente sacaba a pasear en los inolvidables viajes que contaban con la valiosa colaboración de su señora (Pelusa) que se encargaba de hacer todos los trámites pertinentes. Durante su gestión la comunidad educativa pudo hacer viajes multitudinarios a Colonia (R.O.U.) donde participaban alumnos, docentes y padres. Fueron realmente inolvidables. Jóvenes y adultos emocionados ante nuevas experiencias como la de cruzar el río en barco.
Le encantaban las fiestas escolares, los ágapes , las reuniones de los recreos en la sala de profesores, asistía especialmente los días en que nos reuníamos a tomar la merienda y degustábamos alguna torta casera a la que no dejaba de probar y alabar.
Mediador en los conflictos, narrador de anécdotas más que interesantes. Nos contaba con lujos de detalles los innumerables recorridos por tierras europeas y hacía que nos transportáramos imaginariamente a esos lugares. Matizaba sus relatos con miles de anécdotas divertidas. Caminaba incansablemente por todos los rincones de la escuela saludando diariamente a todos los que allí trabajábamos. Nos contaba la presidente de la cooperadora que todas las mañanas asistía a la oficina para interesarse por las novedades y tomar un té.
Sus discursos siempre tenían tres cosas para destacar y no había fiesta escolar que no contara con sus palabras siempre cariñosas y sentidas.
Si algún alumno se destacaba en algo escolar o extraescolar él concurría al aula a darles las felicitaciones del caso o lo anunciaba al momento del saludo matutino o de la despedida.
Apoyaba las iniciativas de todos los docentes y los acompañaba en sus tareas.
Ambos docentes dejaron importantes recuerdos y ejemplos en cada uno de los que trabajamos a su lado, fueron muy buenos maestros de maestros.



