Finalmente un jurado compuesto por un doce ciudadanos comunes condenó a Fernando Farré, el empresario femicida que degolló a su mujer Claudia Schaefer a treinta y cinco años de prisión. Todo sucedió en el country Martindale, en Pilar, escenario de ensueño. Corrió la misma suerte que María Marta García Belsunce en Carmel y Nora Dalmasso en un barrio privado de Córdoba.
El asesino de Claudia le perpetró sesenta y seis puñaladas a la madre de sus tres hijos, evidenciando su bestialidad. La víctima ya lo había denunciado en la Violencia Doméstica de la Corte Suprema. Podríamos decir, con mucho dolor, que el trámite sólo sirvió para acelerar su propia muerte.
En el Tarot Rider hay una carta, el diez de espadas, en la que se ve una persona tirada en el piso con todas ellas clavadas en su cuerpo. Pero una sola hubiera sido suficiente para matarlo. Claudia fue víctima del ensañamiento y de una fuerza demoníaca y por más que traten de convencerme de que no existe, suena a posesión. El diablo existe, panóptico. Y dejó su marca ésta vez, firmando con sangre las sesenta y seis puñaladas.
Fabiana Daversa. Foto: Alejandra Lopez



