El país tiene muchas grietas que sellar, por donde se escurre el futuro de los argentinos. Pero hay una grieta que tiende a ocultarlas y que es la gran grieta de la política.
En ella se debate día a día él acontecer político y mediático, mientras millones de hermanos entierran su bienestar presente y futuro en las grietas de las que pocos hablan y menos se encargan de cerrar, como la grieta socioeconómica, la sanitaria, la educativa, la tecnológica y otras que deberían avergonzarnos como sociedad y cuyas consecuencias hoy están en su doloroso esplendor.
Mucho se ha dicho y se dice sobre la grieta política. ¿Pero de que se trata?
La grieta es el resultado histórico de dos formas políticas diferentes de ver la realidad, que se retroalimentan a sí misma en esas diferencias, alejándose cada vez más entre sí y arrastrando a sus protagonistas y parte de la población a posiciones irreconciliables. Por nombrar alguna secuencia histórica, Unitarios y Federales, Peronistas y Radicales, Kirchneristas y Anti K.
La grieta introduce un concepto maniqueo y excluyente de entender la realidad, de definir los liderazgos y de proyectar el destino común de los argentinos. Sin dudas, una forma de simplificar nuestras diferencias políticas y llevarlas a la práctica, que en definitiva no ha dado más que nefastos resultados para el país y su gente. El solo ver como estamos y a donde hemos llegado, me exime de otros comentarios.
La grieta es una trampa en la que cae gran parte de la clase política y nos arrastra a un callejón sin salida para el mejor futuro para los argentinos. En ella, solo se sostiene la diferencia con el otro y así se construye la identidad propia y colectiva, el relato y las soluciones, que por sesgadas y parciales, siempre son insuficientes y frustrantes.
La trampa de la grieta hace invisible la variedad y la multiplicidad de los matices naturales y humanos que tenemos alrededor. Ciega la mente y reduce e iguala el pensamiento hacía los extremos. Todo es blanco o negro, lindo o feo.
La grieta anula la diversidad y la riqueza del disenso. Impide pensar y polariza. No importa la razón o la verdad. Solo excluye. Siempre hablan los mismos y siempre escuchamos lo mismo. Hasta los jóvenes parecen viejos.
La trampa de la grieta te obliga a optar por una de dos posiciones, las cuales ya están dadas. Los buenos y los malos. Los de antes o los de ahora.
La grieta se maneja con el prejuicio y tiende a exacerbar el miedo y la bronca. Paraliza e irrita. Impone y fanatiza. Contagia y presagia violencia.
Hoy los problemas que tenemos los argentinos son tantos y de tal magnitud, que la grieta no pudo, ni podría resolverlos. Solo la unidad en políticas de estado comunes podría hacerlo. La grieta es una trampa en la que no debería volver a car una sociedad madura, equitativa, democrática y tolerante.
Mario Valiente / FM Futuro 93.1 MHz / Programa La Agenda



