Muchos alimentos están siendo cuestionados en los últimos tiempos debido a que se han convertido en parte cotidiana de nuestra alimentación aportando más problemas que beneficios. Azúcar, harinas, grasas, sal y lácteos son los "5 blancos" en la mira de la Organización Mundial de la Salud. Aún así, resulta llamativo que uno de esos 5 grupos de alimentos pareciera salir indemne de las críticas, al menos por estas latitudes: los productos lácteos.
A juzgar por la alta demanda de estos productos, todo indica que en la región no se ha instalado el fuerte cuestionamiento que ocurre en los países desarrollados, en los que muchas investigaciones muestran cantidad de aspectos negativos. Solo a modo de ejemplo: la Universidad de Harvard eliminó los productos lácteos de la oferta de comidas y bebidas que ofrecen en los restaurantes y puestos de comida dentro del campus de la propia universidad, basados en investigaciones científicas producidas en esa misma casa de altos estudios que demuestran la correlación positiva entre tomar leche y muchas enfermedades, algunas de extrema gravedad, como el cáncer (entre otras enfermedades crónicas no transmisibles).
¿Por qué en Argentina los productos lácteos no son cuestionados?
A fuerza de presupuesto publicitario, los productos lácteos siguen siendo parte de la oferta alimentaria que muchos consideran indispensable. Pese a estar quebrada desde hace décadas, la industria láctea no para de gastar sumas multimillonarias en publicidad. Basta con encender cualquier dispositivo de comunicación para encontrarse con tandas repletas de avisos y spots que son parte de campañas interminables. Los destinatarios principales: los niños y las mujeres. En ambos casos, el eje nutricional vinculante es el calcio y su rol en el fortalecimiento de los huesos. En el caso de la comunicación orientada a niños, el vínculo emotivo al que recurre la publicidad de lácteos es el materno-filial, presentándose como una suerte de extensión del período de cuidados maternales de la lactancia. Para abordar a las mujeres, recurren a las ideas de practicidad y mejora en calidad de vida.
Adicionalmente, muchos médicos promueven el consumo de lácteos para cubrir los requerimientos de calcio en niños y mujeres premenopáusicas. En otros casos, algunas leches fermentadas con lactobacilos especialmente diseñados son recomendadas para mejorar la inmunidad o movilizar el tránsito intestinal. No hace falta mencionar ejemplos. Seguramente les venga a la mente los productos y las caras de los profesionales que los promocionan.
El cuento de los huesos fuertes y otros relatos
Conociendo acerca de nuestra biología evolutiva y sobre alimentación podemos ver el fenómeno con otra perspectiva y hacernos algunas preguntas: ¿por qué los humanos somos la única especie que consume leche después del destete y, además, leche de otra especie?; ¿No resulta llamativo que la leche y sus derivados fluidos resultan altamente indigestos?; ¿Son los lácteos, en verdad, la mejor fuente de calcio?
Las respuestas son obvias: la leche materna es el mejor alimento para todos los mamíferos durante el período de lactancia. Punto. Luego del destete, todas las especies pierden la capacidad para degradar la lactosa, razón por la cual la leche resulta tan indigesta no solo para los humanos sino para cualquier otro mamífero. En cuanto al calcio, si bien los productos lácteos son ricos en este elemento (muchas veces adicionado artificialmente junto con otros), es una falacia que sean "la" fuente de calcio indispensable, como lo presenta la industria. El mismo puede obtenerse, incluso con mejor biodisponibilidad y precio, de alimentos como frutas y verduras. Sin ir muy lejos, las propias vacas que producen la leche lo obtienen de los vegetales que conforman las pasturas con las que se alimentan.
Mi opinión desde la perspectiva de la Alimentación Inteligente
Desde mi mirada de la Alimentación Inteligente, pienso que cualquier forma de supresión de alimentos es cuestionable, de modo que no estoy en contra del consumo de productos lácteos, aunque no los encuadro dentro de los "alimentos naturales". Contrariamente, los clasifico como "alimentos culturales", esto es, aquellos que incluimos en nuestra alimentación porque hacen a nuestro modo de relacionamiento social, costumbres y tradiciones. En este caso, tomar un helado con nuestros hijos, disfrutar de una picada de quesos en la previa de un asado con familiares, o disfrutar de unas pizzas con amigos son algunas de las formas de disfrutar de estos productos.
Por otro lado, pienso que la consideración de los productos lácteos como alimentos indispensables y saludables es absolutamente errónea, ya que no son ni una cosa ni la otra. Tomar la leche o yogur cuando tenemos dientes es algo que podríamos evitar en beneficio de nuestra salud y bolsillo. Por cierto: por el precio de un yogur de 200 cc pueden comprarse entre 6 a 10 frutas de estación.
Dr. Fernando Valdivia / Email: fv@fernandovaldivia.com / Sitio Web: www.fernandovaldivia.com



