La discusión sobre la unidad de lo que se puede llamar el campo nacional y popular merece en nuestro distrito un análisis aparte. Para empezar, lo que habría que definir es quien integra o no este espacio político y social. No cabe duda de que la columna vertebral de este sector es el peronismo, porque es quien interpela mejor a los sectores populares. Pero también hay que entender que el peronismo ha sido atravesado por la realidad política, y que como los hay peronistas nacionales y populares, también los hay peronistas de derecha. Con lo cual, ahí se achicaría el volumen del campo nacional y popular.
Esta configuración reconoce también la existencia de sectores no peronistas que comparten principios y valores con el peronismo popular sobre los cuales se pueden unificar criterios. Nuevo Encuentro, con Martin Sabbatella a la cabeza, compone un espacio progresista que reúne los "requisitos" para integrar este colectivo político, y que cuando tuvo que hacer defendió a peronistas con mucha más fuerza que otros que se dicen ser peronistas. El Radicalismo también contiene una expresión popular, que actualmente lidera Leopoldo Moreau, alejado de la vertiente conservadora que conduce actualmente el partido centenario.
Entonces creo conveniente redefinir lo que es "la unidad del campo popular", que para muchos parece algo confuso. La unidad de esta configuración histórica, política y social significa la confluencia de las extracciones nacionales y populares de los distintos sectores que componen el sistema de identidades políticas en Argentina. Como dijo un reconocido dirigente peronista de Campana; "unidad si, amontonamiento no". Esto significa que la unidad no se tiene que dar en el agrupamiento de dirigentes sino que se tiene que dar en base a un programa de propuestas que logren un consenso mayoritario en la sociedad. No tiene ningún sentido la unidad del peronismo si no existe un criterio político ideológico que los interpele, como tampoco sirve la unidad del radicalismo, como tampoco sirve la unidad del progresismo democrático, porque en definitiva, todos estos sectores han sido atravesados por el clivaje histórico del país que propone dos modelos económicos, uno agroexportador dominado por una elite minúscula, que puede ser categorizado como liberal en lo económico, conservador en lo político; y otro modelo basado en el desarrollo de la industria nacional con inclusión social, que se lo categoriza como nacional y popular.
Entonces, para finalizar, mi reflexión radica en que es hora de dejar los sectarismos y lograr la unidad de un campo político como lo es el nacional y popular en base a criterios y valores, que se transformen en programas políticos y propuestas congruentes, y que se presente con claridad hacia la sociedad. Eso requiere dejar a un segundo plano las personas, y priorizar a las propuestas como punto de confluencia.
Alejo Sarna / Vamos Campana



